¿Qué es la verdad? El asunto contiene sus dificultades. En lo que me concierne, las he resuelto diciendo que es la voz interna que nos habla. Me preguntarán: ¿Cómo sucede entonces que hay diversos espíritus que conciben verdades disímiles y hasta opues¬tas? Ocurre que el espíritu humano tiene que pasar por innumerables intermediarios antes de elaborar una conclusión, y su evo¬lución no es la misma en todos.
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La verdad jamás daña a una causa justa.
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En la verdad, percibo la belleza: Ia des¬cubro a través de la verdad. Todo lo que es verdad, no apenas las ideas exactas, sino también los rostros francos, los retratos fie¬les y los cantos más naturales son objetos de belleza, e inclusive de inmensa belleza a veces. Son poquísimos los que saben dis¬cernir la belleza que emana de la verdad.
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Sin duda, lo que a uno puede parecer un yerro manifiesto, a otro puede parecerle sabiduría pura. Y nada puede hacer, aun¬que sea víctima de una alucinación.
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No tengo nada nuevo para enseñarle al mundo. La verdad y la no violencia son tan antiguas como las montañas. Todo lo que hice fue tratar de experimentarlas en la mayor escala posible.
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El silencio ayuda mucho a quien, como yo, procura la verdad. En un estado de si¬lencio, el alma encuentra el sendero ilu¬minado por la luz más clara, y lo que era esquivo y engañoso, es resuelto por una claridad cristalina. Nuestra vida es una prolongada y ardua búsqueda de la ver¬dad. Y para alcanzar la cima más elevada, el alma requiere reposo interior.
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Las creaciones realmente bellas apare¬cen cuando surge la comprensión verda¬dera. Si estos momentos son raros en la vi¬da, también son raros en las artes.
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La verdad es como un inmenso árbol que brinda más y más frutos cuanto más se lo nutre. Cuando más hondo se excava en la mina de la verdad, más ricos son los des¬cubrimientos de las gemas allí existentes, lo cual abre todavía mayores variedades de servicio al prójimo.
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Cuando la contención y la cortesía se unen a la fortaleza, esta última se vuelve irresistible.
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Si aspiramos a ser hombres que caminan con la cabeza erguida y no sobre cuatro patas, comprendamos de una vez por to¬das que debemos someternos voluntaria¬mente a la disciplina y a las restricciones... Satyagraha no comienza ni termina con la desobediencia civil.
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En todas partes veo que cunden la exa¬geración y la mentira. Pese a todos mis es¬fuerzos, no alcanzo a saber dónde se es¬conde la verdad. No obstante, tengo la im¬presión de que me aproximo a ella, a me¬dida que disminuye la distancia que me separa de Dios.