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Autor Tema: CAPÍTULO 10  (Leído 471 veces)
Antonio
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Pasatiempos en linea


« : Septiembre 24, 2006, 11:50:53 »





¡Todas las fiestas navideñas de las oficinas deberían ser abolidas! No existe forma de prevenir que por lo menos una pobre alma trate de enterrar sus represiones o melancolía por las fiestas mediante la bebida que termina o con una escena de la cual se arrepentirá más tarde o con una pelea sobre el derecho de introducirse en un automóvil y matarse o matar a un inocente. Ya se. He actuado de esa misma forma estúpida un par de veces... hace algún tiempo.
Más aún, el "tinto espumoso" deja huellas permanentes en las alfombras de la oficina que son imposibles de limpiar por completo.
Cada año, tomo la decisión, generalmente el primer día de trabajo después de Navidad, de que al año siguiente no habrá fiesta en nuestra oficina. En su lugar daremos ese dinero gastado tontamente, a algún fondo para familias necesitadas. Y cada año, cuando se empiezan a formar comités para planear "la fiesta" me debilito, pido que "no se discuta" y permito que vuelva a suceder.
Así pues... tomé un par de copas y traté de sonreír durante el tonto intercambio de regalos mientras que, un tocadiscos emitía una versión aburrida y monótona de Blanca Navidad. Después caminé por la oficina, dando palmadas en los hombros y besando mejillas, sintiéndome como un detective casero, asegurándome constantemente de que todos deberían irse directamente hasta sus casas sin paradas en los moteles o violaciones de tránsito.
Finalmente se terminó el vino y la oficina se vació rápidamente, dejando a su paso una colección de desperdicios que sólo sería limpiada si dejaba un billete de veinte dólares para el encargado de la limpieza. Esta suma ya se encontraba junto con una tarjeta de navidad sobre el escritorio de Pat con el fin de que no pasara desaper¬cibido.
Llevé a mi oficina mi última copa de vino y caí fatigado sobre un sillón, depositando mi copa sobre un cenicero. Me encontré a mí mismo observándolo, prácticamente hipnotizado. Simon. Todas esas copas de jerez que llenamos y vaciamos juntos. Simon. Simon. ¿En dónde está?
Repentinamente tome una decisión y me dirigí hacia mi escritorio. Presioné la letra F de mi agenda telefónica y encontré el número de teléfono de Fred Fell. Marqué el teléfono. Reconoció mi voz cuando dije:
-Felicidades.
-No sabe el gusto que me da escucharlo, Og. ¿Como esta el tiempo en Chicago?
-Está nevando.
 -Aquí ha estado lloviendo desde hace dos días. Creo que Long Island se está hundiendo.
-Vaya a Miami.
-Creo que ya es demasiado tarde. ¿Que le sucede?
-Acabamos, de tener la fiesta de Navidad en la oficina ...
-¿...y ha bebido un poco y se ha puesto sentimental y se acordó de su viejo editor?
-Todo eso y algo más.
-Dígame.
-Estoy listo para escribir otro libro.
-No Puedo creer lo que estoy oyendo. Estaba empezando a creer que se encontraba tan ocupado, contando su dinero y con las entrevistas al igual que Gore Vidal, que ya no tenía tiempo para escribir. ¿Qué quiere hacer? ¿De qué se trata el libro?
-No se lo voy a decir. No hay forma de explicárselo ni por teléfono ni en persona. Sólo se que voy a escribirlo.
-¿Ya tiene título?
-El milagro más grande del mundo.
-Me gusta. ¿Cual es el gran milagro?
-No pregunte.
-¿Va a ser algo similar al Vendedor más grande del mundo?
-Será mejor. Este no lo tengo que inventar.
-Esta bien, Og. Se que no debo presionarlo. ¿Quiere firmar un contrato?
-No hay prisa, Hágalo cuando tenga tiempo.
-¿Con los mismos términos que el anterior?
-Perfecto.
-¿Qué fecha fijo para la entrega del manuscrito?
-Fíjela para el... treinta y uno de enero de mil novecientos setenta y cinco.
-Eso será dentro de un año y un mes. ¿Necesita tanto tiempo?
-Sí.
-Muy bien. Tómelo como un hecho. ¡Que relación tenemos! Me pregunto cuántos editores más llevan a cabo contratos como éste, aun sin siquiera saber lo que están adquiriendo.
-Mailer, Wallace, Updyke, Fowles, Michener, Herriot...
-Feliz Navidad, Og.
-Igualmente, Fred. Le aprecio.
-Y yo a usted
Cuando dejé la oficina estaba muy oscuro y seguía nevando y a todo lo largo del estacionamiento podían verse huellas dé pisadas. Sentí un vacío interior que me quemaba, y conocía perfectamente el porque. Más allá del estacionamiento podía observar la oscura sombra del departamento en el que había pasado tantas horas felices, su estructura se dibujaba aquí y allá con cuadros de luz que brillaban a través de la nieve que caía.
Justamente en ese momento podríamos estar deseándonos Feliz Navidad, brindando, y su hermosa voz me estremecería mientras abría cualquier regalo tonto que le hubiera dado. Simon. Simon.
-Le extraño. Le extraño mucho.
Le estaba hablando en voz alta... al viento y a la nieve. Entonces empecé a luchar contra unos sollozos que parecían provenir de lo más profundo de mi garganta. Me sentí absolutamente solo... y perdido.
Finalmente me forcé a mi mismo para terminar con eso. Tenía que llegar a casa, Todavía tenía que hacer unas compras. La vida sigue adelante.
Busqué torpemente las llaves del auto y lo abrí. Mientras daba vuelta a la llave de encendido sentí la necesidad apremiante de tomar otra copa. Pero sabía lo que podía suceder: puede continuarse hasta la copa numero veinte... y  no importaba en cuantas cantinas buscara a Simon, no le encontraría.
Conduje el auto directamente hacia la salida mientras las llantas crujían sobre la nieve recién caída. Bajé la ventanilla e introduje la llave en la caja que activaba la barra. Esta rechinó y se elevó con lentitud hacia el cielo. Puse la velocidad y aceleré lentamente al pasar sobre el tope de  asfalto. La parte delantera de mi auto señaló hacia arriba ligeramente al pasar por la parte más alta del tope y los faros del auto bañaron con su luz la ventana del departamento del segundo piso, que estaba a oscuras.
Me froté los ojos y sacudí la cabeza. Volví a observar. Los faros del auto habían convergido en una sola luz sobre el macetero.
¡Dios mío!
En el macetero había una planta... se movía cariñosamente entre la nieve que caía...
...¡Una planta muy hermosa!
...¡Una flor aristócrata!
...Un geranio rojo de cristal.
« Última modificación: Septiembre 24, 2006, 02:31:50 por Antonio » En línea

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