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Autor Tema: CAPITULO UNO: EL CÓDIGO  (Leído 378 veces)
Antonio
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Pasatiempos en linea


« : Septiembre 24, 2006, 11:35:18 »





Conocí a Chaim Gun el 1 de septiembre de 1994. Esa misma noche Gun llamó al despacho de Rabin y, por la mañana, un chófer del primer ministro recogió la carta en la que le advertía de la predicción de su asesinato. Gun, ganador de los dos galardones literarios más destacados de su país, el Premio Bialik y el Premio de Literatura de Israel, era amigo de infancia de Rabin y continuaba perteneciendo a su círculo íntimo de amistades.

Yigal Amir, un judío ortodoxo de veintiséis años, disparó tres tiros, dos de los cuales alcanzaron a Rabin, tras un mitin político celebrado la tarde del 4 de noviembre de 1995 en Tel-Aviv. Luego diría que Dios le había ordenado hacerlo y declaró que la ley religiosa justificaba el crimen pues Rabin tenía pensado devolver las tierras que Dios había entregado a Israel.

El año hebreo de 5756, codificado junto a «asesinato de Rabin» y «Tel-Aviv», se inició en septiembre de 1995 y terminó en septiembre de 1996. Los años codificados en la Biblia pertenecen al antiguo calendario hebreo, que empieza a contar desde tiempos bíblicos, anticipándose en 3760 años al calendario occidental moderno.

Otras dos personas, además de Gun, sabían más de un año antes de que ocurriera que yo había encontrado el asesinato de Rabin vaticinado en la Biblia, y que había prevenido de ello al primer ministro. Cuando, en 1994, descubrí la predicción por primera vez, se la enseñé a Eli Rips, quien por entonces se encontraba en Nueva York como profesor visitante de la Universidad de Columbia. Por otra parte, durante el mismo viaje a Israel en que conocí a Gun me presentaron al general Isaac Ben-Israel, máximo responsable científico del Ministerio de Defensa israelí. La nota que le entregué, con fecha de 31 de agosto de 1994, señala: «La única vez que el nombre completo de Itzhak Rabin aparece codificado en la Biblia, las palabras "asesino que asesinará" lo cruzan... Creo que Rabin corre un grave peligro, pero también que el peligro puede ser evitado.» Más tarde volví a encontrarme con el general Ben-Israel en compañía de Rips, quien le informó sobre los detalles técnicos del código secreto.

Un mes antes del asesinato intenté nuevamente ponerme en contacto directo con Rabin. Él se había desplazado a Estados Unidos para firmar en la Casa Blanca una tregua con Arafat. El 30 de septiembre de 1995 le envié a su asesor principal un mensaje que decía: «El año pasado estuve en contacto con el primer ministro Rabin a través de su íntimo amigo Chaim Guri. Después de escucharme, Guri habló con el primer ministro y le envió una carta en la que le advertía de una posible amenaza contra su vida. El caso es que ahora he descodificado nuevos datos que apoyan la po¬sibilidad de que el primer ministro Rabin se encuentre en grave peligro.» El asesor no me contestó y yo no pude llegar a Rabin, quien moriría cinco semanas más tarde.

Volví a hablar con Guri al día siguiente del magnicidio; luego volé a Israel y nos encontramos en Jerusalén. Tanto por teléfono como personalmente, Gun me contó cómo había reaccionado ante la veracidad de la predicción y, también, que su primer impulso había sido llamar al general Barak. Ehud Barak, el héroe militar más condecorado de Israel, fue durante años jefe del Estado Mayor del ejército, y así se había referido Gun a él; sin embargo, en la época del asesinató Barak era miembro del gabinete.

Mi primer contacto con el código secreto de la Biblia fue casual y tuvo lugar en junio de 1992 tras una reunión totalmente desvinculada del tema con el general Un Saguy, a la sazón jefe de los servicios secretos israelíes. La información me la proporcionó un joven funcionario, pero en la cúpula de la inteligencia israelí la existencia del código pasó prácticamente desapercibida hasta que, tiempo después, conseguí que Rips pusiera al corriente a algunos de los cargos más técnicos.

Rips es profesor adjunto del Departamento de Matemáticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Extrajo la cita del Genio de Vilna de una traducción de The Jewish Mmd, de Abraham Rabinowitz (Hillel Press, 1978).

Witztum, el colega de Rips, encontró anticipadamente la fecha exacta del primer lanzamiento de un misil Scud contra Israel, ocurrido el 3 de Shevat de 5751(18 de enero de 1991). Rips me confirmó que Witztum le comunicó la fecha y que él mismo la vio codificada en la Biblia tres semanas antes del inicio de la guerra del Golfo. Tiempo después, Rips y su mujer me contaron cómo se habían sentido la noche en que el misil hizo impacto exactamente cuando el código lo había previsto.

H. M. D. Weissmandel, el rabino checo que encontró los primeros indicios del código secreto, no llegó a hacer público su descubrimiento. Pero sus estudiantes publicaron más tarde un libro de edición limitada, Torat Hemed (Yeshiva Mt. Kisko, 1958), que contenía breves referencias a sus trabajos con el código previos a la segunda guerra mundial. Según el rabino Azriel Tauber, alumno de Weissmandel, este había transcrito, en una época anterior a la del ordenador, toda la Torá en tarjetas indexadas de cien letras dispuestas en diez hileras de diez letras, y luego había buscado palabras formadas mediante saltos equidistantes de letras.
En cuanto a los desvelos de Isaac Newton por dar con el código secreto de la Biblia, el primero en referirse a ellos fue el gran economista John Maynard Keynes en su libro Essays and Sketches in Biography («Newton, the Man», Meridian Books, 1956, PP. 280-290). También Richard S. Westfall cita en The Life of Isaac Newton (Cambridge University Press, 1993, p. 125) los apuntes teológicos de Newton y señala que el fisico «creía que en esencia la Biblia era una profecía de la historia humana». Véase también, del propio Westfall, Never at Rest: A Biograpl'y of Isaac Newton (Cambridge University Press, 1980, PP. 346 y ss.).

Accedí por primera vez al artículo sobre el experimento de Rips y Witztum a través del original mecanografiado que sometieron a la revisión de sus colegas, y de allí procede el resumen citado. El trabajo apareció finalmente publicado en una revista matemática norteamericana con el título de «Equidistant Letter Sequences in the Book of Genesis», Statistical Science (vol. 9, núm. 3, 1 de agosto de 1994), firmado por Doron Witztum, Eliyahu Rips y Yoav Rosenberg. Antes de que el artículo saliera publicado me puse en contacto con el editor de la revista, Robert Kass. Cito su editorial de la prueba de impresión que me leyó y que Statistical Science publicaría luego en la página 306. En el apéndice de este libro se reproduce el trabajo Original de Rips-Witztum.

Si bien Rips y Witztum afirman en este artículo que los nombres casaban con las fechas con una probabilidad de cuatro en un millón, experimentos posteriores arrojaron resultados de uno en diez millones. Los resultados originales se obtuvieron combinando los 32 nombres y las 64 fechas de tal modo que, de un millón de emparejamientos posibles, sólo uno era el correcto. Luego Rips y Witztum programaron el ordenador para que señalara qué parejas de entre el millón de ejemplos arrojaban mejores resultados, es decir, qué combinaciones aparecían más claramente apareadas en la Biblia. «En cuatro ocasiones se impusieron las parejas obtenidas por azar explica Rips-, en tanto que las parejas correctas lo hicieron en las 999995 ocasiones restantes.»

No obstante, en un segundo experimento en el que se separaron las combinaciones correctas de los emparejamientos por azar, de modo que sólo aparecían parejas correctas en la lista completa de 32 nombres con sus fechas de nacimiento y defunción, de los diez millones de permutaciones verificadas no hubo ninguna ocasión en que una pareja formada por azar arrojara mejores resultados que las correctas.

«Ni una sola de las parejas azarosas -me confió Rips-aventajó a las otras. Eso equivale a un resultado de 9999999 contra cero o bien de uno en diez millones.»
Harold Gaus me comunicó el resultado de su experimento independiente en el curso de una entrevista telefónica celebrada el 25 de enero de 1993, información que ampliaría en diciembre de 1996, también por teléfono. En el informe remitido a Statistica/ Science, Gans afirmaba: «Concluimos, pues, que estos resultados permiten corroborar los resultados comunicados por Witztum, Rips y Rosenberg.» Según sus propios cálculos, las probabilidades de que las ciudades de origen aparecieran codificadas junto a los nombres de los sabios eran de doscientas mil contra una.

Desde que en agosto de 1994 publicara el trabajo de Rips-Witztum, la revista matemática no ha recibido artículo alguno rebatiéndolo, según me confirmó Kass por teléfono en enero de 1997. En realidad, un científico australiano llamado Avraham Hasofer publicó una breve crítica del código de la Biblia en un pequeño periódico religioso, B'Or Ha'Torah (núm. 8, 1993, PP. 121-131). Pero eso fue antes de que Rips y Witztum hicieran públicos los resultados de su investigación. Hasofer ni rebatió las pruebas matemáticas de la existencia de un código en el Génesis ni realizó ningún tipo de experimento ni estudió las características del código secreto.

El también matemático australiano Brendan McKay cuestionó a través de Internet el experimento de Rips-Witztum cuando el presente ya estaba escrito. McKay dudaba de que el código descubierto en el Génesis existiera en el resto de la Biblia. No obstante, McKay ignoraba que la predicción codificada del asesinato de Rabin había aparecido con antelación al hecho en Números y en el Deuteronomio y que se habían encontrado menciones de otros acontecimientos relevantes en cada uno de los cinco libros de la Torá. McKay cuestionaba asimismo el método estadístico empleado por Rips; sin embargo, su trabajo es un borrador preliminar que aún no ha pasado las revisiones de otros colegas a las que el artículo de Rips sí fue sometido, ni ha sido remitido a Statistical Science ni al arbitrio de ninguna otra publicación. Rips ha respondido a McKay, instándole a la confrontación. «Creo que se equivoca», sostiene Rips.

Robert J. Aumann, el matemático más célebre de Israel, observó que, incluso en el caso de que McKay tuviera razón, sus propios resultados con el experimento de Rips-Witztum, tal como plantea en su borrador preliminar, siguen siendo de mil contra uno, es decir, científicamente consistentes y mucho más rigurosos que cualquier otradel experimento de Rips-Witztum alegando que, si se medían las columnas de la enciclopedia con mayor precisión, tres de los 32 nombres empleados por ellos habrían quedado fuera, en tanto que habría que añadir otros dos. Rips y Witztum aceptaron el reto y en diciembre de 1996 y enero de 1997 revisaron el experimento utilizando la lista propuesta por el colega escéptico. El resultado, anunció Rips, fue «veinte veces más favorable que antes»: en lugar de cuatro en un millón, las probabilidades fueron de dos en diez millones. Usando otro método de cálculo de probabilidades, el experimento original arrojaba un resultado de uno en diez millones y de cinco en cien millones el nuevo.

Yo mismo realicé un experimento, salvando las limitaciones: cogí veinte datos que aparecían codificados en el texto de la Biblia y los busqué en un texto de control del mismo tamaño, es decir, en las primeras 304805 letras de la versión hebrea de Crimen y castigo. La mitad de los nombres o frases no aparecían en absoluto y ninguno de ellos ofrecía información coherente o afín. Por ejemplo, ninguna secuencia regular de letras formaba las palabras «Itzhak Rabin» u «holocausto atómico». Lo cual era de es¬perar, porque las probabilidades de que el nombre completo de Rabin apareciera en un texto de 304805 letras son de diez contra una, y las de «holocausto atómico» de casi cien contra una.

Otras expresiones, como «presidente Kennedy» y «Shakespeare», aparecían codificadas en Crimen y castigo. Lo cual tampoco era inesperado, ya que ambos nombres tenían probabilidades de aparecer mediante alguna secuencia equidistante en un texto de ese tamaño. No obstante, mientras que en la Biblia la palabra «morir» seguía a «presidente Kennedy» y «Dallas» figuraba en el mismo sitio del código, en Crimen y castigo no se observaba correlación con la ciudad del atentado ni aparecía mención alguna del trágico suceso. De manera similar, «Shakespeare» figuraba en una ocasión, aunque sin conexión alguna con «Hamlet» o «Macbeth». Esta tendencia se repitió en cada uno de los veinte casos. Si bien aparecían a veces combinaciones azarosas de letras, nunca aportaban información coherente.

«Es evidente que si uno se empeña en buscar ejemplos en otros libros -señaló Rips-, finalmente encontrará algunas palabras próximas relacionadas entre sí. Estadísticamente sería de esperar que así fuera. Pero sólo en el código secreto de la Biblia la información es significativa y consistente. Y nadie ha encontrado en Guerra y paz o Crimen y cas tigo la predicción exacta de un asesinato un año antes de que éste se produjera, ni las fechas exactas de una guerra tres semanas antes de su estallido. Nadie ha encontrado nada que se le parezca en ningún libro, traducción o texto hebreo original distinto de la Biblia.»

La forma legendaria original de la Biblia tal como Dios se la dictó a Moisés -«continua, sin solución de palabras»-fue determinada por uno de los más grandes sabios de la historia, Najmanides, en su Commentaiy on the Toral' (Shilo, Charles Chavel, ed., 1971, vol. 1, p. 14). La continuidad del texto sagrado se expresa asimismo en su forma primigenia de rollo, es decir, no de libro dividido en páginas sino de pergamino único y desenrollable.

El comentario de Einstein acerca de que «la distinción entre pasado, presente y futuro es pura ilusión» está sacado de una carta que el físico envió a la familia de su viejo amigo Michele Besso el 21 de marzo de 1955 (Archivo Einstein, 7-245, publicada en The Quotable Einstein, Princeton University Press, 1966, p. 61). Besso trabajaba junto a Einstein como administrativo en la oficina suiza de patentes donde éste formuló su teoría de la relatividad. La carta citada fue escrita cincuenta años más tarde, poco después de la muerte de Besso y menos de un mes antes de que falleciera el propio Einstein. Conviene, por tanto, insertar esta declaración acerca de la verdadera naturaleza del tiempo en su contexto completo: «Ahora él ha partido de este extraño mundo un poco antes que yo. Lo cual nada significa. Para nosotros, los físicos creyentes, por persistente que sea, la distinción entre pasado, presente y futuro es pura ilusión.»

La cita de Stephen Hawking respecto de que «no es improbable que en un futuro tengamos la capacidad de viajar en el tiempo» procede de su introducción a The Physics of Star Trek (Basic Books, 1995, p. xii). Hawking repite esta convicción en la última edición de su libro A BricfHis tort of Time (Bantam, 1996, p. 211; versión castellana de Miguel Ortuño, Historia del tiempo, Crítica): «la posibilidad de viajar en el tiempo permanece abierta». Señala asimismo que cualquier forma avanzada de viaje espacial requeriría velocidades superiores a la de la luz, lo cual de hecho implica retroceder en el tiempo.

El impacto del cometa Shoemaker-Levy contra Júpiter se inició el 16 de julio de 1994 y fue observado por astrónomos de todo el mundo, con amplia cobertura en los medios de difusión. Los detalles citados corresponden a una serie de artículos aparecidos en el New York Times y en el número del 23 de mayo de 1994 de la revista Time.

Existe, desde hace casi diez siglos, una versión completa de la Biblia en su texto hebreo original, el códice de Leningrado, publicado en el año 1008. Se trata de la copia intacta más antigua del Tanakh. Existe una copia más antigua aún de la Biblia hebrea, el denominado códice de Alepo, en el Santuario del Libro en Jerusalén, pero partes del documento fueron destruidas por el fuego. Cuando este libro aún se encontraba intacto, el gran erudito del siglo XII Maimónides solía consultarlo. Por otra parte, entre los rollos del mar Muerto, cuya antiguedad supera los veinte siglos, se encontraron largos fragmentos de todos los libros de la Biblia (salvo el de Ester) y una copia completa del de Isaías.

Todas las Biblias en lengua hebrea original que existen en la actualidad son iguales letra por letra. Según Adin Steinsaltz, el principal traductor de textos hebreos antiguos, el Talmud señala claramente que no puede usarse y ha de ser enterrada bajo tierra toda copia de la Torá que tuviera una sola letra errónea.
El programa informático del código secreto de la Biblia utiliza el texto hebreo original universalmente aceptado. Queda, por tanto, fuera de toda sospecha la presencia detallada de información de la actualidad mundial en un libro escrito al menos mil o-muy probablemente- más de dos mil años atrás.

Mi encuentro con Kazhdan y Rips en Harvard tuvo lugar el 22 de marzo de 1994, en el despacho del primero. Sus comentarios sobre el código, citados en este capítulo, proceden de dicha reunión. El propio Kazhdan, junto con Piatetski-Shapiro de Yale y otros dos célebres colegas, firmó una declaración publicada en 1988, seis años antesde que el experimento de Rips-Witztum pasara las tres revisiones de rigor, en la que señalaba que, si bien aún era prematuro afirmar la confirmación del código, «los resultados obtenidos son lo bastante notables como para merecer mayor atención y alentar la realización de nuevos estudios».

En el momento del encuentro de 1994 en Harvard, el experimento original de Rips acababa de pasar la tercera y última de las revisiones. Kazhdan admitió entonces que creía en la existencia del código de la Biblia pero no sabía cómo explicarlo.
Mi encuentro con Piatetski-Shapiro tuvo lugar en noviembre de 1994 en el Institute for Advanced Study de Princeton, y de allí procede todo cuanto de él cito en este capítulo.

El comentario de Stephen Hawking sobre el principio de incertidumbre fue extraído de A Brief History of Time (Bantam, 1988, PP. 54-55).
El comentario de Einstein sobre la física cuántica y Dios fue extraído de una carta dirigida al físico Max Born, con fecha del 4 de diciembre de 1926, publicada en The Born-Einstein Letters (Macmillan, 1971, PP. 90-91).

El 25 de enero de 1996 me reuní con Robert J. Aumann en su despacho de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y todo cuanto he citado de él en este capítulo proviene de ese encuentro, salvo la afirmación final («El código de la Biblia es un hecho demostrado»), que pertenece a su presentación de Rips, que había sido invitado a exponer sus planteamientos ante la Academia Israelí de las Ciencias, el 19 de marzo de 1996.

Aumann era el experto matemático encargado de un modo más directo de supervisar el experimento original de Rips-Witztum, lo cual lo convierte en el mejor conocedor del trabajo de ambos. Me he encontrado y he conversado con Aumann en diversas ocasiones desde nuestro primer contacto. Su postura sigue siendo de un convencimiento escéptico: «Psicológicamente es algo muy difícil de aceptar, pero los procedimientos científicos son impecables.»

El hecho de que el código sugiriera la existencia de una «quinta dimensión» me llevó a entrevistarme con el jefe del Departamento de Física de Harvard, Sidney Coleman, y con uno de los principales expertos en los orígenes del universo, el físico del MIT Alan Guth. Ambos me confirmaron, en entrevistas separadas, que la mayoría de los físicos admite la existencia de una quinta dimensión, si bien nadie ha sido capaz de definirla aún. Ambos, sin embargo, señalaron una aparente paradoja: la quinta dimensión podría ser más pequeña que el núcleo de un átomo y sin embargo nosotros, y el universo entero, estaríamos dentro de ella.

El antiguo texto religioso citado por Rips es el Sefrr Yetzirah (El libro de la creación), escrito según cuenta la leyenda por el patriarca Abraham mil años antes de que Moisés recibiera la Biblia en el monte Sinaí. El libro de la creación afirma que vivimos en un mundo de cinco dimensiones, tres de las cuales son espaciales, otra temporal y una quinta espiritual. La ciencia moderna confirma las primeras cuatro y no se define respecto de la quinta.

El quinto versículo del primer capítulo de El libro de la creación define como sigue Las cinco dimensiones: «Una profundidad de principio / Una profundidad de fin, Una profundidad de bien / Una profundidad de mal, Una profundidad de arriba / Una profundidad de abajo, Una profundidad de este / Una profundidad de oeste, Una profundidad de norte / Una profundidad de sur» (extraído de The Book of Creation, traducción de Aryeh Kaplan, Samuel Weiser, 1990, p. 44).

Al citar esta antigua definición de la «quinta dimensión», Rips señala que cada dimensión se define como un sistema de medición y que la quinta puede contener a todas las demás en tanto está definida como la distancia entre el bien y el mal, «la mayor distancia del mundo», añade Rips.
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