Antonio
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« : Septiembre 24, 2006, 11:25:38 » |
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«El gran terror» aparece en Deuteronomio 34, 12. Es éste el último versículo de la Biblia primigenia, las últimas palabras que, según la Biblia, dictó Dios a Moisés en el monte Sinaí.
La traducción de Kaplan de los tres últimos versículos de la Torá reza: «No ha surgido en Israel otro profeta como Moisés, a quien Yahvé conoció cara a cara. Nadie como él en todas las señales y prodigios que Yahvé le envió a hacer en tierra de Egipto, y en el gran poder y en los hechos grandiosos y terribles que Moisés puso por obra a los ojos de todo Israel.»
El texto oculto del último versículo no es exactamente un código sino que surge de una espaciación del texto ligeramente distinta a la original. La advertencia es muy evidente: «para todos, el gran terror: fuego, terremoto», y sería inconcebible que el último de los secretos que revela la Biblia se encuentre allí por casualidad. Hay tres años que se emparejan aceptablemente con «el gran terror», y son 2000, 2014 y 2113. Resulta sorprendente que todos los peligros apocalípticos, tanto los de causa humana como natural, aparezcan agrupados en el código secreto dentro de esa misma franja de tiempo.
El «gran terremoto» se vaticina en Apocalipsis 16, 18, y 16, 20. Hay una visión anterior del «gran terremoto» en Ezequiel 38, 19-20, claramente localizado en «la tierra de Israel». Aún anterior es la versión de Isaías 13, 13, donde el terremoto amenazado parece tener alcances globales e incluso cósmicos.
Si bien la denominación hebrea de «Los Ángeles» no aparece en el código secreto con todas las letras, la forma abreviada «L. A. Calif.» es, de todas las grandes ciudades del mundo, la que mejor se empareja con «gran terremoto» y, también, con «fuego, terremoto». Ambas codificaciones coinciden con el mismo año, «5770», 2010 del calendario moderno.
Un informe del Servicio Geológico de Estados Unidos publicado en el Bulletin of the Seismological Societv Of America (vol. 5, núm. 2, abril de 1995, pp 379-439), prevé un gran movimiento sísmico en el área meridional de California antes del año 2024.
El 23 de octubre de 1996 entrevisté a David Schwartz, el coordinador para California del mencionado servicio, quien me confirmó que se espera un importante seísmo en el sur de California dentro de los próximos treinta años, y añadió que la segunda zona más proclive de Norteamérica a sufrir un terremoto de estas características es el norte de California. Si bien Schwartz admitió que no se sabía aún con qué nivel de acierto contaban, no cabía duda de que las dos zonas más calientes del mapa eran ésas.
El gobierno chino cifró las víctimas mortales del gran terremoto de 1976 en Tangshan en 242000; no obstante, medios como el New York Times hablaron de ochocientos mil muertos.
En abril de 1993 informé a mi editor, Dick Snyder, que el código secreto señalaba a Japón como epicentro de una serie de terremotos. El seísmo de Okushiri tuvo lugar el 12 de julio de 1993; el código señalaba fecha (mes) y lugar. Mi entrevista con la ministra nipona Wakako Hironaka se desarrolló en septiembre de 1993, en su despacho de Tokio. El 16 de enero de 1995 ocurrió el seísmo de Kobe, que se cobró más de cinco mil vidas.
Actualmente, casi todos los científicos aceptan la hipótesis de que los dinosaurios desaparecieron de la faz de la Tierra al caer un asteroide, hace aproximadamente 65 millones de años, en lo que es hoy el golfo de México. Las últimas investigaciones sugieren que el impacto habría provocado en Norteamérica una tormenta de fuego que acabó de inmediato con la vida en este continente y que la posterior nube de polvo y humo que oscureció el planeta provocó la extinción total de los dinosaurios. El primero en postular, en 1980, la teoría del asteroide fue Walter Álvarez un geólogo de Berkeley. Los últimos descubrimientos en este terreno fueron publicados en el número de noviembre de Geology Magazine por Peter Schultz y Stephen D'Hondt.
La creación del «gran Tanín» se describe en Génesis 1, 21. El nombre del dragón contra el que Dios luchó, «Ráhab», se encuentra en Isaías 51, 9. El pasaje es una plegana: «¡Despierta como en los días de antaño, en las generaciones pasadas! ¿No eres tú el que partió a Ráhab, el que atravesó al dragón?» Aquí también la palabra hebrea utilizada es «Tanín».
Escrita miles de años antes que la Biblia, la cosmogonía más antigua que se conoce corresponde a Sumer, en la región de la Mesopotamia que es hoy Iraq. El mito sume¬rio comienza con la matanza de un «dragón» a manos de un «dios». Casi todas las civilizaciones antiguas del mundo cuentan con un mito primigenio similar.
El 15 de octubre de 1995, Brian Marsden advirtió que el cometa Swiff-Tuttle podría chocar con la Tierra el 14 de agosto de 2126. El artículo mencionado del New York Times se publicó el 27 de octubre de 1992. El de Newsweek es del 23 de noviembre del mismo año.
El impacto de Shoemaker-Levy con Júpiter recibió amplia cobertura periodística. El presente relato ha sido extraído del New York Times y la revista Time.
Las declaraciones de Eleanor Helin, científica de la NASA encargada de seguir la trayectoria de asteroides y cometas, salieron publicadas en el New York Times el 14 de mayo de 1996, en tanto que los planes diseñados para evitar una colisión con la Tierra aparecieron tanto en el Times como en Newsweek.
La antigua leyenda del rey que partió la gran roca en guijarros antes de arrojársela a su hijo figura en dos comentarios tradicionales, Salmos Midras 6, 3, y Midras Yalkut Shimoni 2, 635. Más tarde, el sabio dieciochesco llamado Genio de Vilna relacionó esta leyenda con la suerte ulterior de uno de los dos Mesías anunciados, aquel que según la tradición vendrá en primer lugar, en un esfuerzo por evitar el horror del fin de los días. Al igual que el hijo del rey, alegaba el Genio de Vilna, él «no sufrirá la pena de muerte. Pero no se librará, sin embargo, de sufrir la pena de los guijarros» (Kol Ha Tor, capítulo 1 párrafo 6).
El cometa que cayó en Júpiter se deshizo en veinte fragmentos antes de bombardear el planeta. Resulta sorprendente que el nombre hebreo de Júpiter, «Zedek», que significa «justicia», sea la raíz de un nombre usado para el Mesías que vendrá en primer lugar, «Zadik», que significa «el justo».
La teoría de que la antigua colisión de un cometa podría haber inspirado posteriores relatos apocalípticos en la Biblia ha sido extraída de «Is This the End?», de Timothy Ferris, New Yorker (27 de enero de 1997, p. 55). Las probabilidades de que un cometa o asteroide choquen contra la Tierra se contemplan en la página 49.
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