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Autor Tema: CAPÍTULO OCHO: LOS DÍAS FINALES  (Leído 389 veces)
Antonio
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Pasatiempos en linea


« : Septiembre 24, 2006, 11:22:48 »





El Jerusalem Post publicó la noticia de la reunión prevista para el 25 de julio de 1996 en Amman entre Netanyahu y el rey Hussein en su edición semanal del 21 de julio. Esa misma semana, varios periódicos israelíes informaron del calendario del viaje. La razón de que el encuentro se postergara, una súbita indisposición de Hussein, fue confirmada por el portavoz del primer ministro. Por fin, el Jerusalem Post cubría el 6 de agosto la noticia del encuentro del día anterior entre ambos líderes.

«Ambos viajes se decidieron el día de mi elección», declaró Netanyahu en una conferencia de prensa, refiriéndose a su ya realizada visita a El Cairo y el viaje a Amman que tenía programado para julio. Ambos viajes aparecieron en el código secreto de la Biblia una semana antes de la victoria electoral de Netanyahu, resultado que también había sido vaticinado.

Stephen Hawking expone el principio de incertidumbre de un modo algo más formal: «Cuanto más precisamente se trate de medir la posición de una partícula, menos pre¬cisamente podrá medirse su velocidad, y viceversa.» De ello resulta, según Hawking, que la física cuántica, en general, sólo puede «predecir cierto número de resultados posibles», pero «no un único resultado definido» (A Brief Histo.. of Time, p. 55; ob. cit., PP. 83-84).

Mi encuentro con Dore Gold tuvo lugar el 10 de septiembre de 1996, poco antes de medianoche, en el Essex House Hotel de Nueva York. El fax que le mandé al general Yatom data del 11 de septiembre. Hablé con nuestro intermediario, el general Ben-Israel, el 10 y el 12 de septiembre, y éste me dijo que había conversado con Yatom, quien, además de confirmar la recepción del mensaje, había puesto en manos del servicio de inteligencia israelí la evaluación del peligro de un posible ataque atómico. Envié el último fax a Yatom el 16 de septiembre.

Para la mayoría de los historiadores actuales, el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, ocurrido el 28 de junio de 1914, fue el detonante inmediato de la primera guerra mundial. Un documental de la PBS emitido en 1996, «The Great War», volvía a confirmar esta teoría; según un historiador de Oxford que aparecía en el pro¬grama, el asesinato no sólo precipitó la guerra sino también la Revolución rusa. De hecho, la PBS planteó la hipótesis de qué habría sucedido si el carruaje del archi¬duque hubiera girado a la derecha en lugar de a la izquierda y no se hubiera cruzado con el nacionalista serbio que segó su vida: «Un giro equivocado del conductor del archiduque dejó de pronto al heredero del trono de Austria a merced de Gavrilo Princip», el terrorista serbio.
El asesinato provocó una reacción en cadena. Cito, otra vez, a la PBS: «El 28 de julio de 1914, Austria declaró la guerra a Serbia. Pero una guerra entre Austria y Serbia significaba una guerra entre Austria y Rusia. Lo cual equivalía a una guerra entre Rusia y Alemania. Y esto, a una guerra entre Alemania y Francia. Es decir, a una guerra entre Alemania y Gran Bretaña. En un abrir y cerrar de ojos, todo el continente iba a estar en pie de guerra.»

James Gleick cita el «efecto mariposa» en Chaos (Penguin, 1987, p. Cool. Cita asimismo una versión bastante más antigua del mismo concepto, reflejada en una nana infantil
(p. 23):

A falta de un clavo, se perdió la herradura
A falta de una herradura, se perdió el caballo;
A falta de un caballo, se perdió el jinete;
A falta de un jinete, se perdió la batalla;
A falta de una batalla, ¡se perdió el reino!


El noveno día del mes de Av no sólo es la fecha que la tradición atribuye a la destrucción del primer Templo en 586 a. J.C. y del segundo Templo en 70 d. J.C., sino también la de la expulsión de los judíos de Inglaterra en 1290, la de la expulsión de los judíos de España en 1492 y la del día de 1942 en que empezaron a funcionar las cámaras de gas de Treblinka, dando inicio al Holocausto. (Véase a este respecto Handbook of Jewisl' Tihought, de Aryeh Kaplan, Maznaim, 1979, vol. II, PP. 339-340.)

Algunos historiadores argumentan que los nazis escogieron la fecha con toda deliberación: «Las expulsiones masivas de Varsovia comenzaron el 22 de julio de 1942, un día antes del 9 de Av. Al día siguiente se pusieron en marcha las cámaras de gas de Treblinka. No es ninguna coincidencia que tales hechos se hayan organizado durante una fecha aciaga para el pueblo judío. Los nazis estudiaron el calendario judío y a menudo programaban sus acciones más destructivas [para que coincidieran con estas fechas]. En dos meses, trescientos mil judíos habían desfilado hacia la muerte» (Nora Levin, The Holocaust, Schoken Books, 1973, p. 318).

El Talmud cuenta que Yahvé maldijo ese día, pues fue en esa fecha bíblica cuando los primeros adelantados enviados por Moisés a la Tierra Prometida regresaron con «malas nuevas», diciendo a los israelitas que no podrían conquistarla.

«Ariel» es el antiguo nombre de Jerusalén empleado en la primera advertencia apocalíptica, Isaías 29, 1-2.

La cita paradójica del Talmud sobre la coexistencia del libre albedrío y el conocimiento anticipado proviene de Mishnah Avot 3, 15, y suele atribuirsele al rabino Akiva.

El nombre «Jacob» significa en hebreo tanto «él prevendrá» como «él retardará», pero también «él seguirá», en el sentido de rastrear o, incluso, guardar las espaldas. De modo que el nombre del patriarca bíblico podría sugerir que, en cierto modo, todavía vela por su gente, que los vigila. Tras una misteriosa lucha cuerpo a cuerpo con un anónimo visitante nocturno (Génesis 32, 25-29), Jacob recibió un nombre, «Israel», que pasó a representar a todo el país. En hebreo, «Israel» significa «luchará con Dios». La propia Biblia explica así el nuevo nombre de Jacob: «En adelante no te llamarás Jacob sino Israel, porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y has vencido» (Génesis 32, 29).

Los tres días de enfrentamientos bélicos que se iniciaron el 25 de septiembre de 1996 recibieron amplia cobertura en la prensa mundial. En este caso he utilizado artículos del New York Times y el Jerusalem Post. El túnel arqueológico excavado en el monte del Templo en Jerusalén conecta los lugares sagrados de tres religiones: el Muro de las Lamentaciones, la Cúpula de la Roca y la Vía Dolorosa, camino que Jesucristo habría recorrido hasta el sitio donde fue crucificado.

La palabra «anexionados», que aparece en dos ocasiones junto a «holocausto de Israel», es la que emplean las autoridades israelíes para describir los dos únicos territorios capturados en la guerra de 1967 que fueron formalmente incorporados a Israel: los Altos del Golán y Jerusalén este. El Golán pertenecía a Siria, que continúa reclamándolo y que últimamente ha concentrado tropas de elite a su alrededor. Jerusalén este, que formaba parte de Jordania, es reclamada por los palestinos como ciudad capital.

El nombre «Arafat» sólo aparece sin saltos en el texto original de la Biblia en dos ocasiones, una de ellas junto a la única confluencia de las dos formas bíblicas de designar el «fin de los días». De hecho, aparece, casi contra toda probabilidad, justo debajo de esta frase. Además, las palabras posteriores a su nombre en el texto secreto son: «¡Recordad! No olvidéis la confirmación del tiempo del fin.»
El primer vaticinio del «exilio bajo Ismael» aparece en el Zohar, un antiguo comentario perteneciente a la llamada «Midras oculta» que revela los secretos soslayados en la Torá. Hay en el Zohar numerosas referencias a un futuro momento bélico en Israel coincidente con el «fin de los días» y anterior a la llegada del Mesías. En Zohar Génesis 1, 19A se anuncia que «la progenie de Ismael se preparará para levantar a todas las naciones del mundo contra Jerusalén». Por otra parte, el comentario también señala que Israel podría salvarse del ataque.

La historia de Isaac e Ismael, los dos hijos de Abraham, está relatada en Génesis 21. Agar la egipcia, la madre de Ismael, era una esclava, y al nacer Isaac su madre Sara le dijo a Abraham: «Despide a esa criada y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa criada juntamente con mi hijo, con Isaac» (Gén. 21, 10). Cuando nació Ismael, el texto de la Biblia parece prever el enfrentamiento futuro: «Será un onagro humano; su mano contra todos, y la mano de todos contra él» (Gén. 16, 12).

El apretón de manos de la medianoche del 15 de enero de 1997 entre Netanyahu y Arafat salió publicado por la mañana en el New York Times. Dos días antes, al salir a la luz los primeros detalles del acuerdo, el Times informó: «Dada la básica desconfianza mutua y la antipatía que se profesan el gobierno conservador de Israel y el señor Arafat, los funcionarios estadounidenses temen que el acuerdo sobre Hebrón no pondrá punto final a nuevas crisis y enfrentamientos. Se espera que el alcance de las próximas retiradas y los temas pendientes de negociación (Jerusalén, límites, asentamientos judíos) levanten tantas pasiones como el de Hebrón. Los colonos judíos más militantes podrían considerar la retirada de Hebrón como una traición. Y entre los palestinos, los grupos islámicos de rechazo podrían volver a servirse del terror para entorpecer los acuerdos.»

El relato de los sucesos de marzo de 1997 ha sido extraído de artículos del New York Times y el Jerusalem Post. La cita de la carta del rey Hussein a Netanyahu procede de un reportaje publicado en el New York Times el 12 de marzo de 1997. La información relativa al atentado suicida del 21 de marzo apareció en el Times al día siguiente.

La cita de Richard P. Feynman pertenece a su libro Six Easy Pieces, (Helix, 1995, p. 135). Feynman afirma asimismo su convicción de que el principio de incertidumbre tiene relación con todas las cosas y que, en consecuencia, «por ahora hemos de limitarnos a computar probabilidades» (p. 136). También declara no creer que jamás podamos «resolver ese puzzle»: «Nadie ha encontrado nunca (ni pensado en encontrar) la manera de evitar el principio de incertidumbre. Hemos de entender, por tanto, que se trata de una característica esencial de la naturaleza» (PP. 136, 132).

Casualmente estaba leyendo el libro de Feynman durante el vuelo a Israel cuando me enteré de que Netanyahu tenía previsto viajar a Jordania en la fecha vaticinada por el código de la Biblia. Luego ese viaje fue postergado repentinamente y comprendí que el eminente científico debía de estar en lo cierto: como no podemos saber con seguridad lo que ocurrirá, hemos de conformarnos con aventurar probabilidades.

El autor científico Timothy Ferris señaló en el número del 29 de septiembre de 1996 de la New York Times Magazine que la física cuántica «continúa siendo una rama bastante exitosa de la ciencia». Su artículo se titulaba «Weirdness Makes Sense» («Lo absurdo tiene lógica») (PP. 143 y ss.).

El premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez habla, en su novela Cien años de soledad, del descubrimiento de un manuscrito en el que se revela la historia de una familia «con cien años de anticipación». García Marquez lo describe de tal modo que da la sensación de haber imaginado, a menor escala, la verdadera naturaleza de la Biblia y su código secreto. El escritor «no había dispuesto los acontecimientos en el orden convencional del tiempo humano sino que había concentrado un centenar de episodios diarios de tal forma que todos coexistían en un mismo instante». Pensé en ello cuando Rips me dijo que todo el código de la Biblia debió de escribirse de golpe, en un mismo instante.

Me encontré por primera vez con el rabino Adin Steinsaltz el 30 de junio de 1992, dos días después de conocer a Eli Rips, en su despacho de Jerusalén; desde entonces nos hemos visto en numerosas ocasiones durante mis viajes a Israel. Steinsaltz y yo conversamos acerca de la verdadera naturaleza del tiempo y de la manera en que puede ser revelado si se invierten los tiempos verbales en la Torá. Steinsaltz me confió que, a pesar de que el uso del pasado como futuro.y viceversa es exclusivo de la Biblia, ningún comentario se detiene en la cuestión de la inversión de tiempos. Me dio el ejemplo de Isaías 41, 23, el versículo donde se relaciona específicamente la visión del futuro con «decir las cosas (mirar) hacia atrás». Tardé años en descubrir por mi cuenta que este mismo versículo, leído al revés, indica la fecha del holocausto anunciado: «5756.»

Rips calculó las probabilidades de que todos los peligros apocalípticos anunciados en el código coincidieran con una sola de las maneras de escribir el año 2006, «en 5766»; el resultado fue de mil contra una. Admitió que era «notable» que de los siguientes 120 años sólo éste coincidiera con todos los peligros que utilizó para su cálculo: «fin de los días», «guerra mundial», «holocausto atómico», «holocausto de Is¬rael» y «gran terremoto». También admitió que era «asombroso» que varias formas de expresar los años 2000 y 2006 se emparejaran con los mismos peligros, si bien señaló que no había manera matemática de evaluar este hecho.

«Podemos estar seguros de que no hubo azar: fue codificado deliberadamente -afirmó Rips-. Pero no podemos estar seguros de que el peligro que anuncia es real.»

La fecha del primer ataque con misiles Scud, 18 de enero de 1991, apareció publicada en el New York Times y confirmada posteriormente en Facts on File Yearbook 1991 (p. 28). Alrededor de las dos de la madrugada (hora local), del 18 de enero ocho Scuds cayeron sobre Israel. Dos hicieron blanco en Tel-Aviv. Tres, cerca de Haifa. Tres cayeron en campo abierto. Jerusalén no fue alcanzada. Un día antes, el 17 de enero de 1991, Estados Unidos había puesto en marcha la Operación «Tormenta del Desierto», dando inicio a la guerra del Golfo.

«Código salvará», las palabras que aparecen encima de «holocausto atómico» y debajo de «fin de los días», pueden traducirse asimismo en hebreo como «códigos de Moisés». En efecto, en Exodo 2, 10 se describe el origen del nombre de Moisés. Este nació en Egipto en una época en que el faraón había decretado la muerte de todos los judíos varones recién nacidos. Para salvarle, su madre construyó una cestilla de papiro y escondió en ella al niño entre los juncos del Nilo. Cuando la hija del faraón bajó al río a bañarse, encontró al bebé y lo adoptó como suyo: «y le llamó Moisés, diciendo: Porque de las aguas le he sacado».
Se trata, en hebreo, de un juego de palabras. Según el diccionario autorizado Alcalay (Massada, 1990, p. 1 517), «Moisés» significa en realidad «extraer, sacar, rescatar». 

COROLARIO
La frase de Jonathan Schell, «por fuerza hemos de convertirnos en este caso en historiadores del futuro», se encuentra en Nie Fate of tize Eart/i (p. 21). 
En línea

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