Cordero`s
Oaxaca
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« Respuesta #1 : Marzo 02, 2005, 02:34:21 » |
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La Luna tiene un diámetro ecuatorial de 3.476 km. (poco menos de un tercio del de la Tierra; una densidad media de 3,34 gramos por centímetro cúbico (más baja que la terrestre, que es de 5,52, lo que indica una composición interna diferente). Su gravedad en superficie es de aproximadamente 1/6 con respecto la terrestre, lo que explica los saltos que realizan los astronautas en la Luna. La Luna se mueve alrededor de nuestro planeta a una distancia media de 384.000 km., recorriendo una órbita poco excéntrica (e = 0,0549). El perigeo está a 356.410 km., el apogeo a 406.740. La velocidad media de la luna a lo largo de su órbita es de 3.700 km por hora. El plano de su órbita está inclinado unos 5 grados 9 minutos con respecto al plano de la órbita que la Tierra realiza alrededor del Sol
Su gravedad en superficie es de aproximadamente 1/6 con respecto la terrestre, lo que explica los saltos que realrealizan los astronautas en la Luna. La Luna se mueve alrededor de nuestro planeta a una distancia media de 384.000 km., recorriendo una órbita poco excéntrica (e = 0,0549). El perigeo (punto mas próximo a la tierra) está a 356.410 km., el apogeo(el punto mas alejado) a 406.740. La velocidad media de la luna a lo largo de su órbita es de 3.700 km por hora. El plano de su órbita está inclinado unos 5 grados 9 minutos con respecto al plano de la órbita que la Tierra realiza alrededor del Sol. Para dar una vuelta completa en su órbita nuestro satélite emplea 27,3 días; este es también el tiempo que la Luna emplea para realizar un giro sobre su propio eje. De ello proviene el hecho de que la Luna dirige hacia la Tierra siempre la misma cara. Mientras la Luna gira alrededor de la Tierra, nosotros vemos zonas variables de su hemisferio iluminado por el Sol, lo que conduce a ese fenómeno conocido como fases lunares.
Contrariamente a lo que pueda parecer por una estimación efectuada a simple vista, la Luna tiene un Albedo (potencia reflectora) muy bajo: refleja, en efecto, sólo el 7 por cien de la luz solar (este albedo es característico de las rocas volcánicas oscuras). Su notable luminosidad aparente se debe al contraste con el cielo negro de la noche. La magnitud de la Luna Llena es de -12,7; es por lo tanto el cuerpo celeste más brillante del cielo después del Sol.
Las medidas efectuadas por los instrumentos durante las exploraciones lunares han determinado que nuestro satélite natural tiene una atmósfera más rarificada que la terrestre: es como decir que no existe en absoluto. Estas raras moléculas de atmósfera están originadas probablemente por el calor radioactivo y tal vez por algún tipo de silenciosa actividad volcánica. Las moléculas no tienen tiempo de reunirse alrededor del globo lunar, formando una atmósfera consistente, porque son rápidamente barridas y dispersas en el espacio por el viento solar. Por otra parte la gravedad de la Luna es tan débil que no logra mantenerla. La falta de atmósfera causa la gran diferencia térmica que existe en nuestro satélite natural entre las partes expuestas al Sol y las que están en sombra. Las expuestas al sol alcanzan las temperaturas de ebullición del agua, unos 105 grados; las que están a la sombra descienden muy por debajo del punto de congelación, unos - 155 grados. Este es el motivo por el cual los astronautas han debido ponerse pesados trajes equipados con un sistema completo de acondicionamiento interior.
Newton mismo aplicó sus leyes al movimiento de los planetas y la Luna. El se dio cuenta de que la gravedad era la fuerza que controlaba a los planetas y a la Luna en sus órbitas alrededor del Sol y de la Tierra. La órbita de la Luna es especialmente compleja porque la atracción de la Tierra y la del Sol no son demasiado diferentes.
Es una sorpresa para muchos, que el recorrido de la Luna alrededor del Sol está siempre curvado en el mismo sentido, cóncavo hacia el Sol, y nunca hace lazos o es convexo hacia el Sol. Esto a pesar del hecho de que sabemos que orbita alrededor de la Tierra cada mes.
La primera diferencia que se nota observando a simple vista la superficie de nuestro satélite natural, es la existencia de regiones más oscuras en un contexto global más claro: son las que Galileo y los antiguos astrónomos llamaron respectivamente mares y tierras pensando que, al igual que en la Tierra, se trataba de amplias extensiones de agua y de tierra firme.Existe una diferencia tanto de composición como de origen, entre los mares y las tierras. En efecto, los mares son planicies de lava basáltica, similar a la arrojada por algunos volcanes de la Tierra, como el Etna, con una edad comprendida en los 3,8 y los 3,2 mil millones de años. En cambio, las tierras son altiplanos con una superficie relativamente accidentada, compuestos por rocas también de origen volcánico pero de diferente naturaleza.Su edad geológica se remonta a 4,4 y 4 mil millones de años. Estas edades han sido establecidas en las muestras traídas por los astronautas, gracias a los llamados métodos de determinación radioactiva.
Si observamos la Luna con la ayuda de un telescopio, además de tierras y mares veremos una nutrida extensión de cráteres de todas las dimensiones: los hay desde microscópicos, con diámetros de apenas algunas décimas de milímetro, a inmensos, que se extienden por centenares de kilómetros. Esta intensa craterización está provocada por la lluvia de bloques de diferente tamaño que asolaban al sistema solar en la época de la formación de los planetas.. Sólo los planetas con poca o ninguna atmósfera como la Luna, Mercurio, Marte, han conservado intactas las cicatrices causadas por los impactos. La Tierra, que también debía tenerlos en cantidades, los ha hecho desaparecer casi completamente. Los cráteres de la Luna tienen, por lo tanto, en su gran mayoría, un origen de impacto y se remontan a un periodo que los estudiosos sitúan entre 4,4 y 4 mil millones de años, cuando la lluvia de asteroides y meteoritos era más intensa.
Probablemente existen también cráteres que se formaron por la salida de magma del interior de la Luna, aquellos que en la Tierra llamaríamos conos volcánicos; pero, como muestran los estudios sobre la morfología de los cráteres, estos deben ser raros. La generalidad de los cráteres lunares tienen forma circular, con un diámetro bastante amplio en comparación con la altura y con las paredes teniendo una pequeña pendiente (alrededor de 10 grados en promedio): características típicas de una cavidad excavada por la caída de un cuerpo sólido. Alrededor del cráter se aprecian a menudo fragmentos esparcidos por el choque; algunos de éstos adquieren las formas características de rayos brillantes, que se prolongan centenares de km. Algunos cráteres muestran un característico pico central explicable con la dinámica del choque.
Además de los cráteres, observando la Luna con al menos 100 aumentos, se aprecia una cantidad de otras estructuras típicas: hay cadenas montañosas, como las que surgen en los bordes del Mare Imbrium. La más famosa de estas, con el nombre de Apeninos, tiene una longitud de 1.000 km con alturas máximas de 6.500 m. El récord de altura en la Luna corresponde al Monte Leibniz, 11.350 m, que se encuentra cerca del polo sur Lunar: sobrepasa en mucho a la montaña terrestre más alta, el Monte Everest que tiene 8.848 m. Hay además estructuras en pequeña escala, con surcos y quebradas aproximadamente de un kilómetro de ancho, que se extienden también a lo largo de centenares de km. Uno de los más conocidos es llamado de Iginus, al sur del cráter Manilio. Otra estructura característica está dada por los muros: se trata de formaciones que tienen una altura de algunas decenas o centenares de metros y longitudes de decenas de kilómetros. Famoso es el Muro Recto que se encuentra en el mar de las Nubes. Numerosas son las cúpulas o elevaciones, que consisten en hinchamientos del terreno. Como han podido descubrir los astronautas en el transcurso de sus misiones de exploración, tanto las tierras como los mares de la Luna están recubiertos por una espesa capa de finísimo polvo, que tiene una profundidad media de 10 metros, producto de la obra de disgregación de los pequeños micrometeoritos que chocan contra el suelo lunar.
En la Luna existe una neta diferenciación morfológica entre la cara visible y la oculta: esta última, en efecto, está casi íntegramente formada por tierra y carece de las grandes cuencas oscuras de los mares que caracterizan la cara visible. La estructura más grande de este tipo sobre la otra cara de la Luna está representada por el Mar Oriental, una cuenca circular caracterizada por anillos concéntricos, probablemente ondas de lava elevadas por el choque de un asteroide y después solidificadas. La topografía de la Luna ha sido establecida, al menos en lo que respecta a las grandes formaciones existentes en la cara visible, por los astrónomos de la antiguedad. Sin embargo con las observaciones desde sus cercanías a cargo de sondas automáticas y de los astronautas, se ha reabierto el problema de dar nombre a los millares de nuevas estructuras que han sido identificadas en ambas caras de nuestro satélite natural.
También el interior de la Luna, como el de la Tierra, puede subdividirse en varias capas. Hay una primera capa, de alrededor de 65 km de profundidad que forma la corteza y tiene una densidad media de 3 gramos por centímetro cúbico. Sigue un manto que se extiende unos 1.200 km por debajo de la corteza y es un poco más denso que esta última. Por último está el núcleo central de alrededor de 1.000 km, el cual, probablemente, en la parte central esté en estado de fusión y tenga una temperatura de 1.500 grados. Este núcleo central, al contrario del terrestre, carece de elementos pesados como el hierro, lo que explica la baja densidad total del globo lunar.
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