Cordero`s
Oaxaca
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« : Febrero 22, 2005, 11:45:12 » |
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Accidentalmente es la historia de esta grata arteria, que se formó más recientemente que otras, que desemboca hacia el oriente frente a la torre occidental de la Catedral de México, y que empieza ahora en el suntuoso Palacio de las Bellas Artes y antes, en el Teatro Nacional, ya desaparecido. Fue necesario destruir muchos edificios, sobre todo conventos, para la apertura de esta que antes fue calle y avenida hoy, y obedeciendo el que la piqueta demoledora se diese gusto, como vulgarmente se dice, a que suprimidas en México desde enero de 1861 las corporaciones religiosas, quedaron vacíos los edificios que aquéllas tenían, y como pensaron los autores de las Leyes de REFORMA, que el conservarlos como estaban sería tanto como sostener el deseo de ocuparlos otra vez, era preferible suprimirlos, y así se abrirían plazas y calles, que bien lo necesitaba la ciudad. Siguiendo esta línea de conducta se podría continuar la Alcaicería hacia el poniente, a reserva de hacer algo después en sus mismos callejones que resultaran de la Reforma. Acordóse prolongarla hasta la de Vergara por la parte del convento de Santa Clara, y como esto no fuese muy factible sin tocar el edificio conocido con el nombre de la Profesa, por éste comenzó la demolición. Esta parte estaba dividida por una casa de Ejercicios, anexa al Oratorio de San Felipe Neri, y daba a la calle de San José el Real, y por otra la mansión de los PP. Felipenses que estaban por el callejón de Santa Clara, y entonces, de una y de otra parte, se tomó lo necesario para formar una calle ancha y espaciosa. Después de la ruptura de la Profesa se derribó la parte correspondiente del convento de Santa Clara, y entonces se encontraron con casas de particulares que no se pudo en el momento derribar; tres de éstas impedían la salida para la calle de Vergara, (hoy Bolívar), y dos estrechaban por el lado sur la entrada que había de darse a la nueva calle por el callejón. En medio de estas circunstancias, en el año de 1862, sucedió que llegó la fecha inolvidable de la retirada de los franceses de la ciudad de Puebla y el Ayuntamiento de México para celebrar ese aniversario, acordó dar ese nombre de "CINCO DE MAYO" a una calle de la capital eligiéndose la que dividió la Casa de la Profesa ya que por su situación estaba llamada a ser de las principales y así se hizo colocándose la placa correspondiente en su esquina sureste, placa que fué hecha pedazos al año siguiente cuando Puebla se perdió, y algunos soldados franceses a balazos la destrozaron. Como se estableciera definitivamente el gobierno liberal, inicióse una era de mejoras en la ciudad de México y entonces se urbanizó la que podríamos llamar primera calle del Cinco de Mayo. Pero como no era posible que quedara en ruinas la que estaba comenzada -como antes dijimos- en el convento de Santa Clara, se puso mano al asunto de nuevo, entrándose en tratos con los dueños de las fincas que pedían bastante por sus edificios. Por fin se llegó a un arreglo y las obras comenzaron por parte del Ayuntamiento tardándose bastante hasta que, recortada la casa del Callejón de Santa Calra, quedó otra nueva calle del Cinco de Mayo terminada. Faltaba que desapareciera la Alcaicería, foco de suciedad en el centro de la población y para ello se presentaron varios proyectos; pero, por las penurias del Ayuntamiento, fueron irrealizables durante más de treinta años hasta que, siendo presidente Municipal Don Pedro Rincón Gallardo, hombre de grandes iniciativas, logró llevar a la práctica lo que antes parecía imposible, derribando diez casas del lado sur de los callejones llamados de los Mecateperos y el Arquillo; otras en las esquinas del empedradillo y San José El Real; y otras que formaba el callejón que salía de la calle de Plateros. Total: Un gasto de doscientos cincuenta mil pesos para lo cual tuvo que hacerse un emprestito comprometiendo créditos municipales, unidos a donativos de propietarios de aquellas casas nuevas que comprendieron que con esas reformas sus predios valdrían más, y el día de mañana lo podrían vender mejor. Total, que todo se llevó a cabo y, una vez terminado, se ordenó que desde ese momento todas las calles conocidas con los nombres de Arquillo o Mecateros, y las dos de "Cinco de Mayo", se llevaran un sólo nombre: el que acabamos de citar. Posteriormente se ha llamado "Avenida del Cinco de Mayo" y nada diremos de los hermosos edificios que la adornan y que tan conocidos son de los lectores, lo mismo que si añadimos lo transitada que es, aunque con respecto a esto último, algo hemos de indicar en el sentido de que antes, a raíz de la destrucción de tanto convento e iglesias, la gente se retraía de frecuentarla, y sobre todo de edificar ahí, por las ideas fanáticas que por entoces dominaba en la mente de miles de gentes en México.
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