Cordero`s
Oaxaca
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« : Febrero 22, 2005, 11:44:36 » |
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"Asistidos los reos de los Padres Fernandinos y del Prefecto Rector de Cárceles, Bachiller Don Agustín Montejano, fueron conducidos a la Capilla con las mayores exhortaciones de ternura, compostura y conformidad e inmediatamente se preparó el Cadalzo instalándose el tablado entre la Puerta Principal de Palacio y la de la Cárcel de Corte de tres baras de alto, diez de largo y cinco de ancho, todo entapizado y guarnecido de balletas negras, hasta la escalera, piso y palos donde entra la mascada y sus asientos. Luego llegado el sábado, día de la execución, siete de noviembre, fueron sacados a las once de la mañana, en forma prevenida, por las calles públicas, y acostumbradas, con grande acompañamiento de Religiosos, de todas Religiones, de la Arichicofradía de la Santa Vera Cruz, todas Personas de carácter y distinción, y llegados al suplicio, subió Quintero como Capitán, al que se colocó en medio en el Palo Principal: en el lado derecho a Aldama, y en el Izquierdo a Blanco; y habiendo acabado de darles Garrote, se quebraron por el Verdugo públicamente las Armas, y el Bastón; cuya función, o facción, se acabó después de la una de la tarde; y los cadáveres duraron en el Patíbulo por Orden Superior, hasta las cinco de dicha tarde y haviéndolos bajado, se pasaron a la Real Cárcel donde se les separaron las manos, y fixaron en los términos que previene la sentencia. Y amortajadas con Abitos de San Fernando, se pasaron a la Capilla de la Cruz de los Talabarteros, donde estuvieron depositados hasta la mañana siguiente de el Domingo que fueron sepultados en la Parrochia de la Santa Vera Cruz con gran desencia. Misa de Cuerpo Presente, y música de Instrumentos. Cuyo entierro costeó la Archicofradía, que importó doscientos, veinte y siete pesos, cantando la Misa, yVigilia, los padres Fernandinos que los auxiliaron".
Así se epilogó uno de los crimenes más sensacionales en la época de la Colonia, el de Don Joaquín Dongo, sus familiares y servidumbre en número de diez para ser robado, y aun se conserva en la calle de Donceles, precisamente en la cuadra en que se encuentran instalados los Juzgados Civiles de la ciudad de México, en la casa que actualmente lleva el número 94 una placa de azulejo que dice: "En esta casa fué asesinado Don Joaquín Dongo -1789- Catálogo de la Insp. Gral. de Monumentos Artísticos e Históricos". Este crimen por la cruel ferocidad en su ejecución, hace de sus tres autores Don Baltasar Dávila Quintero, natural de la Isla del Fierro en las Islas Canarias, de Don Felipe Aldama Bustamante, natural de San Juan Bautista Quexana, en la Provincia de Alava y de Don Joaquín Antonio Blanco, natural de la Villa de Segura en el Pradió de Guipúzcoa, los antecesores más destacados de los modernos Romero Carrascos. Un apasionado investigador de los Archivos Coloniales recientemente encontró un manuscrito que perteneció a la biblioteca de Don Vicente Riva Palacio, que es un extracto del tan sensacional proceso. Valioso documento para dar una idea del procedimiento penal en esta época de la Colonia; las diversas autoridades que intervenían en la investigación y persecución de los delitos; las curiosas descripciones de los médicos legistas; de la solemnidad y el ritual solemne en la aplicación de la pena capital cuando no era discutido, sino en todo caso, la forma de llevarla a cabo con mayor o menor deshonra para el ejecutado y para sus familiares. El delito se planeó con la finalidad de robar la gran fortuna de Don Joaquín Dongo y las víctimas fueron además de él, el cochero, José, el portero; un indio correo, Juan Francisco, Nicolás Lanuza, la galopina, la cocinera Ignacia y la lavandera que fueron muertos consecutivamente en diferentes lugares de la casa con dos machetes de campo, uno de más de tres cuartas de largo que llevó Quintero, otro más mediano que llevó Aldama y otro más chico que llevó Blanco y que previamente se amolaron por la calle de los Mesones. Dos, tres y cuatro heridas calificadas de atroces, recibieron las víctimas, no escasearon las fracturas del cráneo que los médicos describieron, lo mismo de cuatro dedos de extensión que de cinco o hasta doce o catorce dedos, después de un prolijo reconocimiento de los cadáveres y "de la más exacta observancia de cuantos indicios, argumentos y pesquisas podía ofrecer la contingencia, para inferir luces para el descubrimiento de los agresores". Un verdadero azar favoreció la investigación encaminada al descubrimiento de los responsables, lo que permitió concluir el proceso en menos de quince días, pues iniciado el sábado 23 de octubre, pudo dictarse la sentencia el 5 de noviembre de 1789. Se proveyó inicialmente el auto cabeza de proceso; se expidieron en el acto las "cordilleras extraviadas"; se giró oficio al capitán de la Acordada para la solicitud y aprehensión de los que pudiesen descubrirse culpables; se dieron ordenes a los capitanes de la Sala para que previniesen en todas las garitas lo conduncente; a los hospitales por si ocurriese algún herido; a los mesones para tomar razón individual de los que estaban posados; al Cuartel de Dragones por los que hubiesen faltado la noche del crimen, a los plateros con la muestra semejante a las hebillas de plata que usaba el difunto, por si llegasen a vender alguna de las alhajas robadas; al Baratillo y Parián para lo que pudiese importar; a las concurrencias públicas y demás diversiones por las luces que pudiesen producir; a los alcaldes de barrio y sus comisarios; a los demás distritos de justicia, etc. Cuando en Ronda registrando accesorias sospechosas, cateando casas, vigilando concurrencias, vinaterías y demás paraje de esta clase todo eran confuciones en el público, se hizo la luz por un vehemente indicio a uno de los agresores:
"El lunes veinte y cinco del mismo mes, ocurrió a su Señoría, cierta persona de distinción, denunciándole privadamente, que el sábado anterior, yendo por el Cementerio de Santa Clara, como a las tres y media de la tarde, se puso a parlar con un amigo, y que a corta distancia, estaban igualmente parados otros dos hablando, que el uno era Dn. Ramón Blació, reloxero de la Calle de San Francisco, y al otro no conoció; quien tenía en la cinta del pelo una gota de sangre, que aún la conserbaba fresca, y que bacilando sobre ésto, por si pudiese ser uno de los Agresores, lo había consultado con varias personas de Juicio, y Literatura. Con cuyo acuerdo se lo participaba, en descargo de su conciencia, como por lo que pudiese importar a esta pesquiza".
Cuando fué aprehendido Aldama que hacia diez años que había venido del Reino a la Colonia, de treinta y dos años de edad, noble y notorio Hijo dalgo que primero negara y buscara múltiples disculpas para explicar el origen de la gota de sangre en el pelo, que quiso justificarse que afirmando que como había ido a la Procesión de Desagraviados a San Francisco en que había habido azotados de sangre y ahí lo habían salpicado y algunas otras coartadas, hasta que llegó el momento en que se encontraran en la casa de Quintero las talegas que contenían el dinero robado y prendas de vestir del ilustre asesinado en que ya no pudo negar, y vino su confesión al igual que la de sus coautores después de los respectivos careos, previo la puesta a los reos antes de llevarlos a la Sala de Justicia, de un par de grillos más. He aquí las palabras de la confesión de Aldama: "Señor ya ha llegado el día de decir las verdades"; y compungido con lágrimas de el Corazón significó, que la fragilidad, y miseria humana, lo había conducido a tan horrendo sacrificio instimulado de su necesidad, y aviolentado, y estrechado de sus acreedores, ya de sus escazeses, extraordinarias y ya de lo principal que fué su triste, y desgraciada suerte; y pues que para Dios no haría cosa oculta, y era su voluntad pagase sus atrozes delitos, estaba pronto a declarar cuanto ocurrió en el suceso). Fué seguida esta confesión de la de sus compañeros y así fué como Blanco dijo: "Basta no es necesario, todo es cierto..........que me traigan Padres que quiero confesarme y disponerme algo" Lo que se le cumplió prontamente y todos tres unánimes y conformes reconocieron las armas que se les pusieron delante y dijeron ser las mismas que fueron la destrucción de todos...... Ya fué posible así un acuerdo extraordinario con la asistencia del señor regente y del señor fiscal por varias horas, de recibirse a prueba por tres días la causa en los cuales se ratificasen los reos y los testigos de la sumaria y se pudieran entregar los autos al defensor Manuel Navamuel por veinte horas y concluído todo, pasasen los autos al Relator. Las pruebas de los reos fueron tan sólo encaminadas a la identificación de sus personas con sus ejecutorias correspondientes y nobles con tres testigos a cada uno. Se accedió a la petición del defensor a que se le permitiesen ver los autos en su propia casa y para descargo de conciencia de los reos, confesaron cada uno de ellos otros crímenes cometidos antes, no descubiertos. Después del informe del Relator, informó el abogado de los reos, muy sucintamente;
"pidió, que conociendo los grabes delitos de los reos, que en el estado presente, por lo mismo, eran más dignos de compación, se mirasen con piedad, y se les aplicase la muerte con atención a las circunstancias de su nacimiento, fundando la menos culpa, y complicidad de Blanco, por lo qué, y por su menor edad, era digno de mas indulgencia. Después siguió el señor Fiscal, quien sin embargo, de no haberle pasado los autos, ni tener más instrucción de ellos, que la relación que se hizo por el Relator, hizo una oración, de las más prolijas, y exquisitas, en la que concluyó, pidiendo, que respecto a los extraordinarios delitos de los reos a su gravedad, en que los debían condenar, y condenaron a que de la Prisión en que se hallan salgan con ropa telar, y Gorros negros, en mulas enlutadas, por las calles públicas, y acostumbradas, hasta llegar al suplicio, donde en la forma regular, se les dé Garrote; poniendo las armas, y bastón, a la vista de el Público; y hecha la execución, se destruyan en el mismo Cadalzo por el Verdugo, y separándoles las manos derechas, se fijen en escarpias; de las que se pongan dos, en las partes superiores de las Puertas de la casa donde cometieron los homicidios, y la otra, de la misma forma, en la Asesoria donde estaba el robo en la calle del Aguila: Que el dinero depositado se entregue a la Ilustre Archicofradía, como Heredera y Albacea de el Difunto Dongo, con las demás halajas, y ropa de el Robo; La que pronunciaron, y firmaron con, execución, sin embargo de suplicación, y de la calidad del sin embargo de suplicación, y de la calidad del sin embargo los Señores-Regente Governador-Chaves-Cacho-Emparan-Saavedra Aguirre-con presencia de el Señor Fiscal".
Y finalmente vino la sentencia por el homicidio cometido en octubre en la persona de Don Joaquín Dongo, prior y cónsul que fué en el Tribunal del Reino y de sus seis criados y cuatro criadas dentro de su misma casa en la entonces calle de los Cordobanes. "Fallamos", Dijeron los sentenciadores:
"que lo debemos condenar, y condenemos, a que saliendo de ésta Real Cárcel, vestidos con ropa telar, y Gorra negra, en mulas enlutadas, por las calles acostumbradas, sean conducidos al Patíbulo, donde sufran la pena capital de Garrote, en un Cadalzo, y después se les corten las tres manos derechas que se fixen con escarpias, una de ellas en la Asesoria de la Calle de el Aguila donde guardaron el Robo, en la parte superior de la pared; y las otras dos, sobre las Puertas de la casa de Dongo, y ninguna Persona sea osado a quitarlas so pena de la vida; y se desagan en el tablado las Armas, y Bastón, por mano del Verdugo, de que dará fee el Escribano; y antes de esa Execución, en el segundo día de Capilla, se ratifiquen Quintero, y Aldama, con Juramento ante el Juez Originario, en las dos declaraciones voluntarias, y todos tres reos, sean interrogados, si hubo cómplices o coadyubantes, a la execución de los delitos, o a conducir el robo, con lo demás que se estime conveniente; Asímismo los condenamos a que los bienes que puedan descubrirseles sean confiscados, y en las costas que se tasen, y no alcanzado aquellos, se espera del Heredero, que lo es la Muy Ilustre Archicifradía, las complete, en el grado que acuerde con el Ministro Juez Originario, por la grave fatiga, y trabajo que han impedido los Subalternos, en desbelos, y multiplicadas diligencias practicadas en los angustiados términos en que se formó el proceso. Que el juez Originario pase Oficio a los Ministros de Real Hacienda para que entregen a la Archicofradía la cantidad de el robo, que por vía de Depósito dejó en su poder como ha manifestado pasándose al Fiscal de su Magestad los autos remitidos por su Exa. con lo demás actuado en esta Real Sala para que expida lo que estime por conveniente, y oportuno. Y así lo mandamos, acordamos, y Firmamos, con execución, y sin embargo-Señores-Regente-Gamboa-Gobernador-Mirafuentes-Chaves-Cacho-Emparan-Sabedra-Aguirre-y el Fiscal de lo Civil encargado de lo criminal-Luzero Escribano".
Este atroz crimen fue cometido durante el gobierno del Virrey Don Juan Vicente Güemes Pacheco de Padilla, Conde de Revillagigedo, al cual, cuando tomó el mando el pueblo le escribió este consejo: Güemes, anda derecho porque el pueblo está en acecho...... Al enterarse el Virrey, mandó poner debajo de las dos líneas estas otras: Tan derecho andará que a muchos les pesará......... Y a fe que pronto se vió que su Excelencia andaba derecho, pues descubierto el crimen puso empeño en capturar a los asesinos, a quienes se les dió garrote para que pagaran su delito, como ya se vió en líneas anteriores.
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