La neurosis obsesiva se define por el carácter forzado (compulsivo) de los sentimientos, de las ideas o de las conductas, que se imponen al sujeto y que le llevan a una lucha inextinguible, sin que, no obstante, él mismo deje de considerar irrisorio este parasitismo incoercible.
De aquí los caracteres clásicos de las obsesiones: incoercibilidad, automatismo, lucha y conciencia de la enfermedad.
Pero la neurosis obsesiva debe definirse también por la estructura propia de la persona del obseso, enteramente sometida a las obligaciones que le prohíben ser él mismo.
La neurosis obsesiva se caracteriza clínicamente:
1º- Por la emergencia de fenómenos obsesivos (obsesiones de limpieza, de lo infinito, de culpabilidad, de verificación, etc.) que se refieren a tal o cual idea, representación o situación convertida en preocupación exclusiva.
2º- Por los medios de defensa del obsesivo contra su propia obsesión, medios que a su vez se convierten en obsesivos (esta expresión “medios de defensa es empleada por los psiquiatras clásicos en un sentido distinto del de “mecanismos de defensa” de los psicoanalistas; se refiere no a los mecanismos inconscientes, sino a los trucos y estratagemas que usa conscientemente el obseso para luchar contra su obsesión).
3º- Por una clase de trastornos intelectuales y afectivos (duda, abulia, perplejidad, sentimiento de irrealidad, de extrañeza o de artificio) que constituyen los estigmas psicasténicos (Janet) del obseso.
Desde Freud, la escuela psicoanalítica ha profundizado el estudio de esta forma compulsiva de las neurosis, poniendo en evidencia en estos casos: 1º- una regresión de los sistemas pulsionales al estadio sadicoanal; 2º - las excesivas defensas del Yo contra las pulsiones instintivas; 3º- los imperativos inconscientes del Súper-Yo.
La fuerza de esta infraestructura inconsciente es lo que constituye el dinamismo propio del pensamiento compulsivo que molesta y traba al sujeto y contra la que él lucha. De ahí el carácter simbólico de las obsesiones que representan, en el plano de lo imaginario, las exigencias de un sistema pulsional o libidinal anacrónico (complejos arcaicos contemporáneos de las primeras relaciones objétales).
A.-LOS SÍNTOMAS
Conforme al esquema utilizado ya en las fobias y en la histeria, describiremos en primer lugar los síntomas tal como aparecen en el cuadro clínico. Pueden ser agrupados en cuatro apartados:
1º- El sujeto es invadido por ideas obsesivas que se le imponen a pesar de él:
es el pensamiento compulsivo.
2º- Experimenta una tendencia a los actos agresivos, impulsivos, particularmente temidos ó no deseados:
es la actividad compulsiva.
3º- Se siente forzado a realizar actos repetitivos de carácter simbólico:
son los ritos del pensamiento mágico.
4º- Esta lucha agotadora es a la vez el efecto y la causa de una astenia psíquica (psicastenia).
El conjunto de estos síntomas merece el nombre clásico de obsesión, ya que el mismo enfermo se sitúa a si mismo con sus propias defensas.
1.- EL PENSAMIENTO COMPULSIVO, LA IDEA OBSESIVA
La intrusión, en el campo de la conciencia, de un pensamiento no deseado, insistente, repetido, reconocido por el sujeto como suyo y, sin embargo, repudiado por molesto u odioso, es un fenómeno perfectamente conocido por todo el mundo, en especial en determinados estados de tensión o de fatiga. Así, los pensamientos “obsesivos” que todos podemos sentir nos dan un resumen del pensamiento compulsivo, pero la intensidad de éste, sus exigencias exclusivas y su permanencia, transforman esta diferencia de grado en una verdadera diferencia de naturaleza, ya que la obsesión no es entonces un solo fenómeno aislado inoportuno o espontáneo, sino que traduce un desquiciamiento del equilibrio instintivo afectivo de la vida psíquica.
El pensamiento intruso varia infinitamente según los sujetos. Sin embargo, en un mismo enfermo, en un periodo dado, no se diversifica más que dentro de un círculo restringido, verdadero tema obsesivo. Puede tratarse de una imagen: una dama piadosa y reservada ve los órganos genitales de los hombres a través de sus trajes, especialmente si se trata de sacerdotes o si está en la iglesia. Puede tratarse de ideas: dudas, votos, temores, deseos, prohibiciones, preceptos, etc. A veces es un problema, y Janet ha descrito las interminables interrogaciones de ciertos obsesos: su oscilación intelectual, las manías de presagio, las manías de perfección, de la verificación y del más allá (ir siempre más lejos en lo infinito de estas búsquedas) y las manías de simetría, las manías de interrogación (qué pasará si...?), etc.
Los escrúpulos constituyen una variedad frecuente de estas “ideas” (ardiente búsqueda de moralidad, de reparación, de purificación). También puede tratarse de palabras o de cifras, que es preciso repetir en serie, un número de veces determinado, sin omisiones ni errores, lo que conduce a estar con la serie durante horas (anritmomania). etc.
La tendencia a la repetición es inseparable de esta intrusión parasitaria. Cada uno de los rasgos obsesivos se presenta en largas series como una manipulación ideo-verbal con “idas y vueltas” incesantes, desencadenada por un mínimo incidente. un recuerdo o un gesto anodinos. A menudo, el sujeto no se libra de esta inagotable repetición de palabras, de imágenes o de ideas más que por una obligación intercurrente. De lo contrario, la serie se agota lentamente, como a disgusto, con repeticiones esporádicas.
Esta modalidad compulsiva del pensamiento traduce la lucha del sujeto contra la intrusión. El obseso sufre a causa de su síntoma y generalmente se le ve concentrado, absorto, ansioso durante la crisis compulsiva. Pero su oposición es ambigua, ya que él tiene conciencia de su propia responsabilidad en cuanto al carácter forzado, pero artificial, de sus observaciones. No lo atribuye a una intervención externa, como lo haria un alucinado, sino que lo vive como el conflicto de sus propias tendencias. De este conflicto obtiene una cierta satisfacción oscura que, como veremos, responde al deseo de martirizarse. de forzarse y de “contenerse”. Rechaza lo que le atrae, pero se abandona a lo que teme: tal es el “juego” compulsivo.
II - LA ACTIVIDAD COMPULSIVA, LA OBSESIÓN-IMPULSIÓN
Esta indefinida manipulación de virtualidad, de ambigüedades, de esquemas y de
abstracciones, conduce a encontrar todos los tipos de dificultades en la decisión y en
la acción. Ésta es contenida, como el pensamiento, en la misma lucha suspensiva
y paralizadora. Pero, sobre el fondo de esterilidad y de abulia, aparecen las obsesiones-compulsiones, verdadera hambre de acciones contenidas.
El enfermo se queja, en efecto, de “no poder contenerse” más que con gran esfuerzo, para no dejarse llevar por una acción que no puede cometer: la joven madre tiene miedo de matar a su hijo, el cura tiene miedo de decir groserías desde lo alto del pulpito. Es aquí donde conviene ligar estas “fobias de impulsiones” (miedo de tirarse por la ventana o debajo del tren, fobia de los cuchillos, de los alfileres, etc.), a lo que hemos estudiado a propósito de la neurosis fóbica.
Bien sea un acto ridículo, odioso, grotesco, sacrílego o criminal, es siempre un acto cargado de agresividad contra el sujeto o contra los demás, y es porque no se debe hacer por lo que el obseso se siente en la obligación de realizarlo.
Por otra parte, el paso al acto temido es excepcional. Sin embargo, puede ocurrir que sea realizado sólo a titulo de esbozo casi simbólico, cuando la oposición a la tendencia impulsiva facilita un gesto frenado de amenaza: se levanta el brazo, se masculla un insulto. Un grado más, y la obsequiosa sumisión del obseso se invierte de golpe en una descargo impulsiva, con un torrente de insultos, amenazas grandilocuentes. A veces, el acto se realiza y el obseso queda aliviado. Ciertas cleptomanías constituyen “paso al acto” de naturaleza obsesiva; lo mismo ocurre con ciertas exhibiciones (exhibicionismo tipo Laségue). Mucho más raros son los crímenes o suicidios del obseso. Sea lo que sea, observemos que lo más frecuente es que estas tendencias permanezcan “compulsivas”, es decir que se circunscriben al campo de la lucha ambigua de las tendencias, cuyos sistemas antagonistas se agotan y se anulan en circuito cerrado. El obseso persigue la quimera, o, sí se prefiere, el fantasma de dar y de retener a la vez. Él no “empuja” su acto: lo “compulsa” en la sucesión rápida y rítmica de movimientos opuestos, que traducen la incapacidad de resolver su propia contradicción.
III-LOS RITOS OBSESIVOS.
EL PENSAMIENTO MÁGICO DEL OBSESO
Ante su problema insoluble, el obseso encuentra una solución de “compromiso” que constituye el sentido de su neurosis. Establece una especial forma de relación mágica con el mundo. El universo que le presenta tales contradicciones es hostil; y. puesto que no puede vencerlo, va a conjurarlo. A los maleficios, opondrá procedimientos mágicos, ritos misteriosos, trucos irrisorios e imperiosos, que ligan todas las conductas obsesivas en torno a una unidad profunda, la de la mistificación de sí mismo. Cuando el ritual es complicado, constituye un verdadero ceremonial, una especie de liturgia en la que los actos se ordenan en relación a los valores y a los tabúes, en una serie de obligaciones, de prohibiciones y de reglamentaciones sagradas.
“Cuando entro en mi habitación para acostarme, empiezo por comprobar los cuadros y las imágenes piadosas de las paredes. los cuento y los miro varias veces. Después debo dejar mi reloj en la chimenea, el dinero sobre la cómoda, las cerillas en la estantería. En lo que se refiere al reloj, es preciso fijarse bien en que la púa de la hebilla de la correa no se dirija hacia el Crucifijo ni hacia la estatua de la Virgen. Probablemente todo esto proviene de los votos que hacia antes (si no hago tal cosa de tal manera, ocurrirá una desgracia a mi madre). Pero esto se ha estabilizado, se ha convertido en una costumbre. No tengo miedo más quede viaje, hasta que he encontrado lo que corresponde a la chimenea, a la cómoda, a la estantería...”
El ejemplo de los grandes obsesos nos da a veces una visión caricaturesca de este ritual obsesivo, ya que en su casa el día consiste en una serie interrumpida de ritos grotescos, que envuelven y complican los contactos sociales, las comidas, la defecación, el vestirse, etc.
Si semejante exceso de ceremonial es relativamente raro (y por otra parte, a veces difícil de precisar, puesto que el enfermo esconde comportamientos de los que se avergüenza), se puede afirmar que la ritualízación de la vida es el punto final de la actividad obsesiva. Como decía el enfermo que acaba de ser citado, “la conducta halla una estabilidad”. El vacio formalismo de la conjuración remplaza o alivia, sin dejar de mantenerla, la coacción interna. El obseso tiende a alinearse en el rito para escapar de lo que aún le queda de libertad en el conflicto compulsivo.
Tal enfermo no puede vivir sin tener un pedazo de jabón en su bolsillo y debe tocarlo a cada instante para purificarse. Tal otro debe calcular la raíz cuadrada del atunero de baldosas del piso para poder franquearlas. Este no puede levantarse más que cuando ha extraído todos los recuerdos de su primera conversación con el médico. La actividad que aún resulta posible está ritualizada por completo; el trabajo, las distracciones, se convierten en conductas rígidas, en tiránicas reglamentaciones a las que el obseso se somete con cierta alegría de no ser libre, de ser esclavo de su implacable mecanismo interior.
Algunos de estos comportamientos obsesivos merecen ser señalados como especialmente frecuentes o típicos.
1) LOCURA DE LA DUDA. Ha estado siempre asociada. —tal como se presenta en clínica —, con lo que se ha llamado el delirio de contacto (Legrand du Saulle). Estos obsesos son incapaces de tocar los pomos de las puertas; viven con el terror de los microbios; se estregan a complicados lavados. Les falta la certidumbre de la limpieza o, por lo menos, la tranquilizadora creencia en una limpieza relativamente suficiente. La incertidumbre y el temor dan lugar entonces. operaciones interminables y vanas en las que se volatiliza toda esperanza, todo deseo de pensar y de actuar o de ser de otro modo que culpable o amenazado.
2) OBSESION-IMPULSION DE ACTOS CRIMINALES (suicidio, homicidio, atentados a la moral, incendios, etc.). Representa una especie de tragicomedia de acciones criminales deseadas y temidas a la vez. Los tormentos del castigo merecido ante la sola posibilidad de la falta son vividos como una punición anticipada, como un remordimiento preliminar, y tanto más doloroso en cuanto que carece de objeto. Puede ocurrir que el sujeto pase a realizar la acción para aliviar su conciencia paradójicamente, cargándose así con un pecado ya consumado a sus ojos. De ahí el carácter de descanso que conlleva la ejecución del gesto criminal-
3) ONOMATOMANIA. Entre las acciones irrisorias y vanas, la onomatomanía se inscribe Plenamente como estéril cogítación: tas indefinidas series de números y de cálculos constituyen un objeto privilegiado, para la técnica de sabotaje de la acción por el pensamiento mágico. El obseso halla en las operaciones aritméticas un vehículo cómodo para el circuito indefinido de su angustia. Cuenta, suma, divide y multiplica hasta el infinito, es decir fragmenta hasta la nada todas las posibles formas de sus actos en el tiempo y en el espacio.
IV.-- EL FONDO PSICASTÉNICO
Ha sido admirablemente descrito por Janet, quien habla al efecto de una baja de la tensión psicológica. Las agitaciones psicomotrices (tics, actos estereotipados, gestos conjurativos, etc). las agitaciones ideoverbales (rumiaciones, mentismo, letanias, jaculatorias, etc.), constituyen un aspecto fundamental de este desorden en la vida psiquica del obseso, enteramente sometido a actividades de bajo nivel (automatismo psicológico).
En el plano de la afectividad, el obseso está consagrado igualmente a sentimientos depresivos que son testimonio de su debilidad psíquico (escrúpulos, dudas, sentimientos de influencia, de irrealidad. de extrañeza, fatiga, confusión, lasitud). Frecuentemente, es el “sentimiento de realidad” lo que está alterado en los obsesos, en la medida en que son incapaces de elevar sus acciones dentro de la jerarquía de las funciones de realidad. Las acciones de elevado nivel son imposibles (adaptación social, ejecución de actos difíciles, eficacia y precisión en las conductas) y sólo les quedan como posibles las acciones vacías o incoordinadas. La ausencia de decisión, de resolución voluntaria, la falta de confianza y de atención, la incapacidad de experimentar un sentimiento exacto en relación con la situación presente, la retrogradacación hacia el pasado y hacia lo imaginario, constituyen las características principales de estos síntomas psicasténicos que ponen de manifiesto la debilidad psicológica del obseso.
B. EL CARÁCTER Y LA PERSONALIDAD DEL OBSESO
La neurosis obsesiva tiene por condición y como infraestructura una forma patológica de organización del Yo. Se ha insistido (como veremos más adelante) ya sobre la debilidad en las operaciones de la síntesis psíquica (P. Janet) de estos neuróticos abúlicos, fatigados y desorientados; ya sobre las fuerzas inconscientes y represivas del Super-Yo inconsciente (Freud), de estos desdichados que se martirizan con un cierto goce. También describiremos los estigmas psicasténicos del obseso, por una parte, y, por la otra, los rasgos del carácter sadicoanal del obseso. Pero estas dos perspectivas van a recortase en el análisis estructural de su persona. Esta, en efecto, no consigue constituirse como tal más que a través de una abusiva sumisión a una
constricción ideal y abstracta que hace del hombre obseso el dueño absoluto de su propia esclavitud. El no puede ser “él mismo”, pues esta preso en el imperativo categórico de una ley ideal que le reduce a no ser nada.
Recordemos además que, al igual que los otros caracteres neuróticos, los rasgos de carácter de la neurosis obsesiva pueden darse en forma a menudo atenuada, con ausencia de los síntomas antes descritos; el clínico se encuentra entonces ante un obseso en potencia, reducido al carácter preneurótico.
I - LOS “ESTIGMAS PSICASTÉNICOS”
Como han apreciado antiguos autores (Morel, Magnan, Pitres y Régis), la neurosis obsesiva se desarrolla sobre anomalías del carácter o, como se decía en la época de dichos autores, sobre un “estado degenerativo” de la personalidad psicofisica. Se insistía particularmente en la hiperemotividad (Dupré). Más tarde, se ha puesto el acento sobre la constitución y la bíotipologia del obseso, quien, con la escuela de Kretschrner, puede ser considerado como un esquizoide en el amplio sentido del termino. En el capitulo sobre generalidades de las neurosis hemos indicado algunos aspectos destacados por las escuelas americanas (Cattell) e inglesa (Eysenck) de psicología factorial, como correlaciones somáticas de la tendencia obsesiva. A su vez Pierre Janet había puesto en evidencia el carácter psicasténico, como fondo constitucional del obseso.
Así es como todos los clásicos han contribuido a formar la fisonomía del carácter obsesivo. Sus rasgos esenciales son:
1º-La tendencia a los escrúpulos, a lo abulia y a la duda.
2º- La tendencia a las crisis morales de conciencia (especialmente en la infancia y en la adolescencia, en los momentos de la primera comunión y en la pubertad).
3º-La timidez y la inhibición en los contactos sociales.
4º-La tendencia a la introspección y al autoanálisis de la vida interior.
5º-Los trastornos de la sexualidad (apragmatismo, impotencia, frigidez).
6º-Los estigmas psicomotores (tartamudez, tics, síndrome de debilidad motora de Dupré).
En efecto, es desde la más temprana edad cuando el obseso manifiesta sus temores, sus tormentos éticos y su apuro en la vida social, la escuela o su familia. Enrojece fácilmente, se molesta y reacciona vivamente con cólera, con lágrimas o con un nerviosismo mohíno.
Debe considerarse otro hecho que ha sido observado siempre por los clínicos: es la manía del orden y de la meticulosidad. Son sujetos que sienten una necesidad de reglamentar todo, de contarlo todo y de someterse a imperativos o a prohibiciones rigurosas; son estrictos y avaros.
II-EL CARÁCTER SADICOANAL DEL OBSESO
Son precisamente estos últimos rasgos de carácter los que han sido puestos en el -primer plano del análisis de la personalidad obsesiva por Freud y su escuela. Esta, en efecto, ha basado la caracterología del obseso especialmente en su sordidez y en su tendencia a “retener”. Creernos que puede ser interesante el exponer aquí la teoría psicoanalítica de la formación del carácter en el obseso, carácter definido esencialmente como sadicoanal (Abraham y Jones). Se piense lo que se quiera de este psicoanálisis de la formación del carácter obsesivo, ello ciertamente nos permite profundizar en las relaciones existentes entre el carácter y esta neurosis. Por ello no dudaremos en dar un cierto desarrollo a la exposición de estas relaciones.
EL estudio psicoanalítico del carácter, en esta neurosis, pone de manifiesto un mecanismo de defensa particularmente importante: la “formación reactiva” de rasgos de carácter que constituyen una especie de oposición sistemática a las pulsiones inconscientes.
En conjunto, el comportamiento afectivo del sujeto es simbólico en el sentido de que mantiene, bajo disfraces aparentes, las conductas arcaicas del periodo sadicoanal. De esta regresión pueden resultar, teóricamente, cuatro combinaciones (véase tabla):
a) satisfacción regresiva (erotismo anal);
b) su contrario (formación reactiva opuesta a esta satisfacción);
c) rebelión contra el adiestramiento en la limpieza (agresividad sádica);
d) su contrario (formación reactiva opuesta a esta agresividad).
LAS CUATRO PROCEDENCIAS DE LOS RASGOS DE CARACTER EN LA NEUROSIS OBSESIVA, SEGUN LA ESCUELA PSICOANALICA
La educación del comportamiento esfinteriano intenta obtener del niño que éste renuncie a la satisfacción de retener y abandonar las materias a su gusto. El fracaso de esta disciplina esfinteriana resulta de la combinación de dos hechos: el exceso de inclinación al placer y la rebelión contra las consignas de limpieza.
Rasgos Directos (Tendencias al placer)
Carácter SadicoAnal
Formaciones Secundarias (lucha contra las tendencias al placer)
Carácter Obsesivo
Rasgos de Carácter del erotismo anal.
Rasgos de carácter contra el erotismo anal.
FIJACION EXCESIVA AL PLACER EXCREMENTICIO
Dificultades de abandonar los objetos. Obstinación. Terquedad. Coleccionismo. Angustia ante la separación.
Tendencias a los regalos. Resignación. Sumisión.
Prodigalidad. Temeridad.
Rasgos de Carácter sadicoanal.
Rasgos de Carácter contra las tendencias sádicas.
REACCION EXCESIVA A LA PROHIBICIÓN DE LOS PLACERES EXCREMENTICIOS.
Suciedad. Rechazo. Injurias escatológicas. Crueldad contra los debiles. Lucha contra toda autoridad (Ironias, sarcasmos).
Superlimpieza. Educación. Obsequiosidad. Preocupación por la Justicia. Bondad. Defensa de los debiles. Respeto de toda autoridad.
Ciertamente, esta esquematización demasiado sistemática y un poco artificial no debe ser tomada al pie de la letra, pero permite comprender que el carácter del obseso está arraigado, tanto en uno como en otro, o en la “combinación” de estos “complejos sadicoanales” donde se mezclan y donde están en antagonismo los elementos del erotismo y del sadismo anal.
Este esquema — un poco simple o incluso simplista. repitámoslo — no pretende otra cosa que mostrar que los rasgos del carácter del obseso pueden tomar la forma de aparentes contradicciones. Al igual que el pensamiento o el acto compulsivos, los rasgos del carácter expresan la ambigüedad de las conductas, la ambivalencia de las situaciones: pero la unidad profunda de todas las conductas reside en la regresión sadicoanal.
Sea cual fuere el tipo de carácter obsesivo, se encontrarán, en diversas proporciones, los cuatro puntos cardinales de nuestro esquema: la tendencia a la suciedad, recubierta por su formación reactivo de superlimpieza y la tendencia a lo retención de objetos, recubierta por el comportamiento de prodigalidad. Examinaremos estos cuatro rasgos del carácter sadicoanal.
1º- El erotismo anal. Los rasgos caracteriales relacionados con la retención anal, según los Psicoanalistas, son fundamentales. La dificultad de abandonar los objetos ante las demandas da lugar a conductas, hábitos o estereotipias tales como la obstinación, el coleccionismo, la angustia ante la separación.
La obstinación no falta nunca, ya que ella da lugar a la vez a la inclinación a los objetos y a una manifestación de agresividad, pasiva (la fuerza de la inercia) peto eficaz. Puede revestir varias formas: autoritarismo en el caso de que el sujeto adopte una posición de fuerza, o reivindicación y ayuda a la “justicia”, en el caso de posición, de debilidad. La terquedad es un medio de luchar contra la autoridad. sin agresión aparente. La demostración de lo absurdo (ironía, sarcasmo) es otro medio de luchar, en a que se hace burla de la autoridad con sus mismos argumentos, etc.
La inclinación coleccionista hacia los objetos se pone de manifiesto por la acumulación: colecciones, “manías”, que pueden ser utilizados en sus carreras (acumulaciones de títulos, grados, ordenaciones) o terminar en pequeñas “manías” pintorescas. Esta especial relación con las cosas determina también el gusto por el orden y la simetría, por las clasificaciones, por la perfección del detalle (en el dibujo o en la redacción, por. ej.

, por la manipulación indefinida de les objetos. Pero sobre tono confiere al dinero un valor simbólico- que hallamos en todos los casos: el dinero permite a la vez la acumulación, la tranquilidad, la autoridad. Puede perderse. Representa lo que hay de bello y lo que se podría adquirir. El rasgo de avaricia aparece, por lo arto, frecuentemente, pero el juego de la formación reactiva interviene para mezclar a menudo los rasgos de avaricia a los de prodigalidad: tal sujeto, que mide mezquinamente el dinero -que da a su mujer para la casa, lo dará generosamente para la colecta del cura, o se arruinará para satisfacer su pasión de coleccionista.
La angustia ante la separación puede revelarse en la avaricia, en el temor a perder un objeto, o bien en el miedo a los viajes, en el temor de tomar decisiones, de una nueva ruta, de un cambio cualquiera (‘conservadurismo’, sectarismo).
2º- Formación reactiva contra el erotismo anal: la prodigalidad compensadora. Siguiendo el juego de las formaciones reactivas, invirtamos todos estos rasgos de erotismo anal. La lucha contra la tendencia hacia -a retención dará unos rasgos que a menudo van a mezclarse con los precedentes en forma de una inversión momentánea de la actitud. Se asiste entonces a comportamientos de prodigalidad a veces explosivos; se tira el dinero por las ventanas. A fin de no abandonar su puesto, su casa, o un privilegio simbólico, el sujeto puede gastar toda su fortuna. Los regalos representan una desposesión simbólica. De igual manera, la temeridad puede suceder de golpe al temor a las novedades.
3º - La Agresividad sadicoanal. Los rasgos de la rebelión contra el adiestramiento son la suciedad y la agresión, componentes del sadismo fantasmagorico del obseso.
Raramente se descubre la suciedad a primera vista. Sin embargo, el estado de las uñas o el de la lencería puede contrastar con la meticulosidad de ciertos lavados. Del mismo modo un vocabulario grosero puede emerger inopinadamente de entre un lenguaje habitualmente vigilado. Pero a veces conductas embarulladas una escritura desordenada manifiestan con exactitud, a través de practicas estereotipadas que datan de la infancia, la “reanudación” del juego de rebelión contra la educación esfienteriana. Son equivalentes de juegos fecales.
El sadismo fantasmagórico puede transformarse en voluntad de poder, en busca de las posiciones y de los medios de autoridad y de prestigio, en intolerancia, rigidez, ferocidad, en juegos de ingenio causticos, que disfrazan la agresividad con bromas. Pero también se encarna en fantasmas sexuales. La sexualidad se vive corno una lucha cruel. Asimismo, puede conducir a trastornos psicomotores. como ciertos tics o tartamudeos, o a expresarse a través de accesos de cólera impulsiva.
4º- La formación reactiva contra la agresividad: meticulosidad y escrupulos compensadores. Resulta especialmente frecuente, ya que el Super-Yo reprime con fuerza las tendencias sádicas. Por ello, éstas se encuentran muy a menudo disimuladas, son esporádicas o están esbozadas, mientras que, por el contrario, veremos en primer lugar lo inverso de estos rasgos: la superlimpieza, la sumisión, el conformismo. La superlimpieza. evidentemente responsable de los “ritos” de lavados estudiados entre los síntomas manifiestos, confiere al carácter rasgos de meticulosidad, de respeto escrupuloso de las reglas. Obediencia y sumisión, conformismo y “buenos modales” dan lugar a rasgos de puntualidad, de método, de rigidez moral. El amor a la verdad puede ser llevado al más riguroso extremo, la severidad contra si mismo puede ir hasta el ascetismo absurdo. Los placeres de la casuística se parecen a los de la manipulación de objetos. La minucia del escrupuloso recuerda los lavados compulsivos. Insistamos de nuevo en el hecho de que estos rasgos están siempre mezclados con otros: la ‘supermoralidad’ podrá coexistir con pequeñas indecorosidades, hurtos simbolicos, que alimentarán grandes conflictos morales entre la gratificación por el robo, prueba de fuerza y la desaprobación moral, castigo de la agresividad.
—Además de estos rasgos principales puede señalarse aún el comportamiento en relación al tiempo. La puntualidad puede coexistir con retrasos, o bien el sujeto puede experimentar placeres específicos al realizar una serie de acciones al mismo tiempo. Se trata de elaboraciones de las conductas de defecación a una cierta hora y de los placeres que el niño obtenía durante ese tiempo. — Freud ha observado igualmente, como rasgo de la neurosis, la precocidad y acaso incluso la manía del desarrollo intelectual. Por último, mencionaremos el aspecto exterior del sujeto: la contención de las emociones, la preocupación de la corrección, resultando un aire rígido, circunspecto, afectado. Constituye una verdadera “coraza” de protección (Reich). La careta de hielo, la “flema”, la altivez, la falta de soltura en los gestos, son otros tantos medios de defensa. La rigidez puede combinarse con actitudes de huida y con esbozos de rebelión, confiriendo entonces al porte unos rasgos de torpeza, de áspera brusquedad, que alternan con una timidez de niño. Estas ambigüedades se expresan perfectamente con la frase: “Tiene un aire forzado”. En toda su actitud, el sujeto parece querer interponer una armadura entre el mundo exterior y su persona:
la cara, el paso, la rigidez. los vestidos, constituyen medios para mantener “a distancia” al eventual observador
C. -- EVOLUCION. PRONÓSTICO
La neurosis obsesiva se constituye progresivamente, y con frecuencia en la época de la pubertad o en el momento en que se plantean importantes problemas de la existencia. Como en la mayoría de las neurosis, cuando el sujeto se encuentra enfrentado con los problemas fundamentales de amor y de coexistencia con los demás,- es cuando él desencadena inconscientemente su sistema de prohibiciones obsesivas.
La evolución general se hace de una manera progresiva. Sin duda, en la clínica se observan con frecuencia “crisis de obsesiones” o accesos depresivos de forma ansiosa, pero no se trata más que de episodios contingentes que reflejan la permanente organización de la neurosis.
El final de la existencia de los obsesos esta caracterizado por una especie de estereotipia automática de los rituales: el tema obsesivo se fija y se repite con monotonía. En los casos más favorables, la neutralización de la angustia por medio de una profunda satisfacción sadomasoquista ante el fracaso y el martirio, conduce a una paradójica tranquilidad tan sólo obtenida gracias al precio de ceremoniales simbólicos, de una especie de organización burocrática y Formalista de la existencia. En los casos más desfavorables, la angustia del obseso se hace cada vez mas lancinante. Toda acción, e incluso toda sedación, se hace imposible y el martirio que sufre y que se inflige el obseso se conviene en trágico.
También ocurre, en los obsesos de la adolescencia y de la temprana edad, que los mecanismos neuróticos de defensa del Yo contra la angustia, ceden y el obseso evoluciona hacia el delirio de la esquizofrenia.
D.- DIAGNOSTICO
Entre todas las neurosis, la neurosis obsesiva de estructura, como la que acabamnos de describir, es la que ofrece menos dificultades para el diagnostico. Pero, sí el diagnostico resulta generalmente fácil, puede, sin embargo, convertirse en arduo cuando los sentimientos de extrañeza, la forma alucinatoria o pseudoalucinatoria de las obsesiones permanentes, los rituales cada vez mas simbólicos. parecen acercarse mas al delirio crónico y a las psicosis esquizofrenicas que a una neurosis, entre las cuales, en efecto, existen toda clase de formas intermedias.
Los dos grandes problemas de diagnóstico y de pronostico se plantean en dos casos:
1º- En relación a las psicosis esquizofrenicas, La dificultad proviene de los obstáculos que se encuentran al manejarr conceptos a veces faltos de precisión, como los que por una parte se aplican a la neurosis obsesiva (pensamiento compulsivo, ritos, pensamiento mágico) y los que caracterizan la esquizofrenia (delirio de influencia, alucinaciones. comportamiento catatonico, autismo. Pero sobre todo se tendrá en cuenta como en la histeria, el carácter propio de la estructura de la persona del obseso, quien, a pesar de las manifestaciones tragicómicas de su neurosis, no cesa de estar en relación con los demás y cuyo sistema de realidad permanece intacto, a pesar de ciertas apariencias.
2º- La relación de las formas sintomáticas de las obsesiones. En efecto puede ocurrir que el síndrome obsesivo (sobretodo en su variedad psicomotriz con tics, tartamudez, en el niño) plantee espinosos problemas en relación con los síndromes neurológicos. Este es especialmente el caso de los síndromes mesodiencefalicos (encefalitis letárgicas, síndrome de automatosis del tronco cerebral) con su sintomatología de movimientos forzados, de paraquinesias y de impulsiones ideoverbales (coprolalia, tics de salam, etc.)
Un cuidadoso análisis clinico permite en general distinguir de la neurosis obsesiva estos síndromes de desintegración de las funciones nerviosas basales.
E.- RESUMEN DE LOS PROBLEMAS PSICOPATOLOGICOS
El estudio clinico profundo de la estructura de la neurosis obsesiva ha interesado mucho los autores clásicos, cuyas opiniones resumiremos antes que las de los psicoanalistas.
1º- Teorías mecanisistas. Según ciertas escuelas clasicas, las obsesiones deben ser cot,srderadas como “ideas autóctonas” (Wernicke.>. como automatismos ideornototes metcanr cos (Clérambatalt), análogas a los fenómenos de automatismo psiçomotcm de los sindromes
LS! extrapiramidalcs. El postulado ttc estos analtsss y teorias asienta sobre el caracter ‘parásito da los feniv,,enot, que son vividos oor el s,rieto entro hechos que
y hiera de el mismo (teoria n,ecaraicista de ias obsesionefl. Otros (Pavlov. Masserman) ligan la neurosis obsesiva a efectos de “condicionamientos” patológicos. Ciertas concomitancias externas (estímulos) provocan reacciones a las que la fijación y la repetición confieren un carácter obsesivo, como puede obstrvarse en el curso de neurosis experimentales (Teoria del condicionamieni o).
Pero estas concepciones demasiado simples chocan evidentemente con la misma naturaleza dat la obsesión, que ato es precisamente un frnómeno simple, como han demostrado de rindo asaas.mable los famosos análisis de von Gehsartel sobre las modalidades eaistencrales de la ‘rcrsona y del mundo del obseso.
Corno hemos visto, el pensamiento compulsivo estriba en la obligación de pensar y dc sentir, a pesar de uno mismo, dc darse miedo. de someter toda la existencia a una continua snjeción mágica (“Me siento forzado a actuar contra mt mismo. Si no haao esto. desencacteno aquello. Debo hacer ura infinidad de cosas absurdas antes de lograr realizar trn acto ütil”, etc.>.
YJ0 aaálisis estructural de la petsona del obseso y de su mundo de duda, una penetracitas ea las -telacioncs imaginarias gire paralizan esas conductas. comiuce ,n~sariamcntt a refutar las explicaciones de tipo mecanicista o sociopsicológícø, ya que éstas insisten sobre la estrarctuma dinámica de la desorganización del sea psíquico del obseso.
2º- Concepciones dinamistas. La psicopatologia dinámica de la neurosis obsesiva ha seguido dos direcciones: la de Sanee y la de Freud.
a) Teoría de Janes. Para Janes. Jo fundamental es el trastorno rtgañva. Es la debilidad psicológica lo que impide al obseso (llamado por esta razón psicasténico) llegar a un nivel do ‘unciones de realidad” suficientemente elevado. Incapaz de adaptatse a la realidad, tnalgasta su energia en una agitación mental y psicomotriz es~éril. Janet ha visto con claridad que todd la actividad. mental del obseso se encuentra comprometida: él no puede ejecutar más que actos rudimentarios, repeticiones, o trasposiciones de otros actos bien otdenadós, asi corno tampoco puede pensar por si mismo, reducido a rumiar o a “razonar” sin fin Estos son actos y pensamientos insuficientes, ya que el nivel superior del pensamiento y de la acc,on se compone de ceros voluntarios, de pensamientos eficaces, capaces de transformar el medio, lo cual justamente le está impedido al obseso a causa de la debilidad de su tensión psicológica.
b) Teoría Psicoanalitica. Para Freud — mucho más dirigido hacia el aspecto positivo de los trastornos— lo que da fuerza a los sistemas obsesivos no es la deblidad de la tensión psicológica, sino la presión de las pulsiones inconscientes,
Asi es precipitado y sumido en conductas simbólicas y tituales, ‘,erdaderos “tabós’. que constituyen los sintomas de la neurosis. Vamos a dedicarnos urs poco a esta psicopa!o logia psicoanalitica de la neurosis obsesiva, ya que se trata desde los análisis de Freud tel hombre de las ratas, el hombre dc los lobos) de uno de los aspectos fundamentales del pettsamiento freudiano.
I – FIJACIÓN Y REGRESIÓN - Freud compara el proceso de la maduración a la marcha de att ejército: el desarrollo impone crisis que son comparables a los “sitios’ que debe realizar este e.jcrcito. Tana sólo las tropas que rio estén ocupadas era asegurar cl terreno podrán proso~tanr su ruta hacia el objetivo final. En caso de derrota, refluyen hacia las posicionas anteriorestKsta comparación indica el papel de Las fijaciones en la preparación rio la rcgres:on, tanto rnits fácil cuanto más ftaenes hayan sido las fljacioncs.
La regresión, que sc define como una “vuelta” del cotoportanriento a. it, estadio de rrgsni?ac~øn anterior, sc observa en la neurosis obsesiva por la constante prcsencra en los pa-cre,-rte:~ de tendencias sadrcoartaies muy fuertes, de Itas ~ue teatros ntcasr.rsdo sntrrc’tttnre 5~i uro’qemplos. Todos os obsesrvos tienen rituales escatologicos secretos (Freud) revelados en el anaLtsts, y cuidadosamente disimulados fuera de él. Su sexualidad se muestra en el ar~áltsi, falsamente geniraliz,ada: por ejemplo, puede que sólo sea expertn,en~~~8 a ta “manera anal”, como otra suciedad, o como rmna cuestión de propiedad, o como un intercambio monetario (fantasntas de prostitución> “La deformación sádico de la vida sexual será siempre más visible
que la deformación anal. Para ciertos obsesos, las relaciones sexuales tienen la significación de un cona’oate cts el gire el vencedor castro a la victimo: el no ser !a victima puede constituir todo el interés sexual dcl paciente masculino de este tipo; mientras que otros pacientes pueden experimentar el anhelo intenso de ver y de tocar órgatros genitales masculinos~ en esta apetencia csró contera.ido ci deseo disimulado de destruirlos” (Eénichel).
II. PAPEL DE LOS COMPLEJOS EDIPICOS. Se puede preguntar qué papel dtsenspeflan en esta nevtosis los elementos edipicos, puesto eec es evidertte oste la regresión no entraaa la desaparición de las experiencias de un nivel más evolucionado La prueba está en la presencia en el obseso de todo un material fálico y edipico: ter-lores de castración, preocupación permanente por la masturbación <ésta explica, en gran parte, los ritos de lavados). La conspar,ción hecha por Freud y citada más arriba nos permitirá comprender que la regresión se precioce a pacir del fracaso del desarrollo en os estadios fálico y emiipico. E n-ovimiotato regresivo, en un vtrdadero reflujo, lleva a estas posiciones hasta el nivel isalenior. Por ello, las preocupaciones subsistentes concernientes a la geninalidad van a sea sir—idas tajo a forma sadicocurral (vida sexaal fantasmagórica dc cruel posesion y de atnenata de crueln,ad>,
III. PAPEL DE LA FIJACIÓN Y DIFERENCIAS ENTRE LA NEUROSIS OBSESIVA Y PERVERSION
Pero a su vez el nivel de satisfacción sadicoanal es natal tolerado por el Yo. [xli pastel de la fijación (a través dc una excesiva valor-ación del periodo de la educación esftnteriana) estriba en fijar la rcg resino a su rn,vel.
Si esta regresión fuera bien tolerada, se trataria de una perversión (sadusmo, coproíilia) t-a “no-tolerancia” de estas satisfacciones explica la construcción de defensas especificas contra ellas: aquí. se entpleaí, múltiples procedimientos: el aislamiento, la antmiaciéo y la forntactot, aeacttva cotastituvet, los mecanismos más frecuentes en la neurosis obsesiva,.
IV PAPEL DEL SUPER YO. El peligro del cual las defensas neuróticas atentsr~ proteger al obseso es sonIdo por él corno procedente de su “moral’. Es utra roo;ai caricaturesca, trecha de prohibiciones y de atruertazas. que son resultado de la pa r:sión dci medio “tntroycctado”. es decir pasado al interior dcl sujeto, en pat~e consciente, eat parte incormsciente. El ‘super Yo’’. que constituye ura arpectc y un momento del desorroaio rn relaciót, O itas sujeciones sociales. persiste en el tslaseso de una manera codesos- y brutal. La presencia de est.a forma de sujeción resulta directansertte percepttble, e,, cienos sujetos, a través de sus sintotnas que expresar ametaazas. castigos. Pero esrui siempre contenida en la compulsión, que manifiesta, en último atálisix, anta tentación y sta rechazo ante la amonan del Super-Yo. lmagenes. pensa m,entos. actos, dudas se reducen siempre a este prorotipo. Tal es la “lucha en dos frentes del obsesa.
V.- ORIGEN DE LA AMBIVALENCIA DEL OBSESO. Esta locha cotalleva, en relación a los problemas que se plantea el sujeto, tina actitud que recterda y que repite la actitud del nano, en relación a tana sujecíón mal tolerada. El niño se molina ante la (berza, pero intenta “desquitarse” por medio de un procedimtanto de defensa que tieooe a anular su sum’ston. Así procede el obseso con sus actos ambiguos y sus posiciones ambivalentes. Quiere casta-garsa pot adelantado para ausorizarse despues un comportamiento prohibido-O bien se obstuna en loca, hasta e’ extremo e> ‘nanttnimie’r~ó de una norma par-a demostrar so absurdidad. La ‘~ta’rd ha t los pa ares ‘os supe, mores la autnt adad, etc. estará llena ‘le toles conductas t’ontrsdtcorma, ‘ILe, n,tttralr,r tate set sn,, asnues,aa a los nsedtcos y espccialntcntc al analissa.
VI – COMPROMISO ENTRE LAS PULSIONES INCONSCIENTES Y LAS CONTRAPULSIONES REPRESIVAS-
....castigos. Naturalmente, encontramos aqui el origen de ciertas frigideces. Los rituales en apariencia más absurdos se revelan en el analisis como complicadas elaboraciones, con puesta ¿en marcha de mecanismos dc defensa superpuestos, teniendo telación finalmente con ciertos “juegos prohibidos”: masturbaciones, a las que a menudo hace alusión el lavado compulsivo:
juegos fecales, a los que van ligadas las conductas concernientes al tiempo y al dinero: juegos sádicos, a los que siguen sentimientos de culpabilidad y que conducen a rtn(~ de expiación. de punición, de absolución. de redención entrecortados por fobias de impulsión, etc.
Evidentemente, es por medio de una concepción más total, más sintética, de estas teorías diversas, como convendria tomar el sentido de la totalidad de la existencia del obseso, e Intentan la fenomenologra de su existencia neurótica. En la descripción de von Gebsattni se taacontrarh una ‘nsión global del mundo existencial del obseso: contaminación, descomposr c,ón y muerte, son las fueran hostiles que descomponen y disuelven todas las formas (GestalQ del universo. El mundo exterior está vacio de snstancia. los objetos son irreales, la existencia cid sujeto es un combate perpetuo contra las amenazas terroríficas de un universo impuro y corrompido. El obseso lucha sin descanso contra el mundo mágico que se le impone a través de los seres y de kas cosas. Contra su terror, realiza una actividad de “contramedidas” que siempre tiene que repetir y completar, Sin embargo, conoce la absurdidad de su ficción y de su lucha, se averguenza y se esconde de ello. Malogra su vida con completa lucidez,
VI. -TRATAMIENTO
1º- Contra la neurosis obsesiva manifiesta- los diversos tratamientos presentan limitadas posibilidades. El psicoanálisis clásico está indicado teóricamente, pero llega a hacerse especialmente largo y difícil a causa de la tendencia a racionalizar y de una tendencia muy manifiesta contra el transfert (como contra cualquier emoción). Sin embargo, la indicación del análisis debe ser muy tenida en cuenta (véase Green. l965), incluso aunque deba limitarse a suavizar las posiciones neuróticas. En su defecto, una psicoterapia deberá asegurar al obseso el apoyo necesario.
Puede intentarse la quimioterapia para mejorar la tendencia depresiva, a veces evidente pero muy a menudo latente; por ello, el uso de tranquilizantes, ineficaces, ha sido sustituido por algunos autores (Lattfranchi) por un auténtico tratamiento a la vez antidepresivo y neuroléptico; este autor preconiza la administración de altas dosis de amitriptilina asociadas a dosis progresivamente crecientes de un neuroléptico incisivo. Los resultados son irregulares.
El tratamiento de la mayoría de los obsesos se asegurará mediante la asociación de la fisioterapia con la quimioterapia, consiguiéndose con ello algún alivio de sus trastornos.
Las esperanzas puestas en las intervenciones neuroquirúrgicas para solucionar los casos extremos, no han sido ratificadas por éxitos suficientes para justificar la generalización de su indicación,
2º- Ante el carácter obsesivo- el psicoanálisis encuentra mejores soluciones que para la neurosis manifiesta. La indicación, como para cualquier psicoanálisis, sera estudiada partiendo de los parámetros siguientes agrupados por A. Green(1965). que considera como favorables: la juventud, un nivel intelectual elevado, interés por fenómenos culturales y sociales que atestiguan una movilidad afectiva y un grado elevado de “coeficiente histérico” dentro del carácter obsesivo.