Antonio
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« : Agosto 20, 2008, 09:14:03 » |
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Embarcándose en un conflicto armado con Tiflis por una región separatista georgiana, Moscú ha mostrado sus fuerzas a los occidentales y ha tomado su revancha tras la bofetada de Kosovo, según los analistas.
"Era una demostración de la nueva fuerza rusa a todos aquellos que consideran que Rusia puede ser ignorada", comenta Macha Lipman, analista de la Fundación Carnegie de Moscú.
Con sus bombardeos e incursiones de tanques más allá de Osetia del Sur, la operación rusa en Georgia parece demasiado amplia y desproporcionada respecto a la justificación oficial, "proteger a los ciudadanos rusos", a saber, los muchos habitantes de Osetia del Sur que poseen pasaporte ruso.
"Claro que Rusia se ha levantado, y se ha sentado en un tanque", comenta con sarcasmo el experto independiente ruso Alexander Golts en un artículo publicado por el diario electrónico Ejednevny Journal.
La descomposición en 1991 de la Unión Soviética fue un golpe duro. Hundido en una grave crisis económica e infestado por las mafias, el país, dirigido por un Boris Yeltsin envejecido, estaba traumatizado por su pérdida de autoridad en el mundo.
Pero todo cambió con la llegada en 1999 a la presidencia de Vladimir Putin, ahora primer ministro y considerado como la figura clave de la operación en Georgia. Rusia ha regresado al primer plano de la escena internacional, con sus petrodólares y la ambición de este ex agente del KGB de devolverle al país su poderío.
Con todo, las derrotas diplomáticas de Moscú abundan. Una de las últimas fue la declaración unilateral de independencia, el pasado febrero, de la provincia serbia de Kosovo, de mayoría albanesa, que reconocieron Estados Unidos y una mayoría de países europeos pese a la firme oposición de Moscú. Rusia se siente humillada por el reconocimiento diplomático de Kosovo y la ampliación de la OTAN cerca de sus fronteras, y ahora quiere demostrar "quién manda en casa", según Alexander Rahr, especialista de Rusia en la Sociedad Alemana de Política Exterior (DGAP).
Rusia "no tenía otra opción que responder" a la ofensiva georgiana en Osetia del Sur, una región que forma parte de su zona tradicional de influencia, destaca por su lado Fedor Lukianov, redactor jefe de la revista Rusia en la política mundial. "Si no, significaría que Moscú es completamente impotente", añade.
Otro objetivo, citado casi abiertamiente por Moscú, y que levantó la cólera de Washington, sería la caída del presidente pro occidental georgiano Mijail Saakashvili, cuyas relaciones con el Kremlin van de mal en peor desde su llegada al poder en 2004. "El señor Saakashvili no puede ser nuestro socio y sería mejor que se vaya", dijo el martes el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov.
Una posibilidad acreditada por varios expertos, tras la tentativa fallida de Tiflis de retomar el control sobre su región separatista pro rusa de Osetia del Sur. "La ofensiva en Osetia del Sur puso punto y final a la restauración de la integridad territorial de Georgia. Ahora no se trata de dos provincias rebeldes (Osetia del Sur y Abjasia), sino de dos Kosovos" georgianos, considera el periodista ucraniano Vitali Portnikov.
Saakashvili "ha tomado un gran riesgo y ha perdido", sentencia Lukianov, que considera que la comunidad internacional terminará por reconocer, "quizá de aquí a unos diez años", la independencia de esos dos territorios rebeldes georgianos, que luego podrían unirse a Rusia.
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