VII. Encuentros en el Soho
Tres semanas más tarde Austin recibió una nota de Villiers, pidiéndole que lo
visitara aquella noche o la siguiente. Eligió la fecha más cercana. Encontró a
Villiers sentado, como era usual, junto a la ventana, aparentemente perdido en
meditaciones en el adormecedor tráfico de las calles. A su lado había una mesa de
bambú, un objeto fantásico, enriquecido con oropel y exóticas escenas pintadas, y
sobre ella había una pila de papeles arreglados y rotulados tan pulcramente como
cualquier cosa en la oficina del señor Clarke.
-Bueno, Villiers, ¿has hecho algunos descubrimientos durante las últimas tres
semanas?
-Eso creo: aquí tengo uno o dos apuntes que me impactaron por su singularidad, y
hay un informe sobre el cual quisiera llamar tu atención.
-¿Y estos documentos se relacionan con la señora Beaumont? ¿Era realmente
Crashw a quien viste esa noche en la puerta de la casa de Ashley Street?
-En relación a ese asunto mi creencia se mantiene inalterada, sin embargo, ninguna
de mis indagaciones ni sus resultados tiene alguna especial relación con Crashaw.
Pese a eso, mis inventigaciones han tenido un extraño resultado. ¡He descubierto
quién es la señora Beaumont!
-¿A qué te refieres con quién es ella?
-Me refiero a que tú y yo la conocemos mejor bajo otro nombre.
-¿Cuál es ese nombre?
-Herbert.
-¡Herbert! -Austin repitió esta palabra aturdido por la sorpresa.
-Sí, la señora Herbert de Paul Street, o Helen Vaughan, cuyas anteriores
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