VI. Los Suicidios
Lord Argentine era un gran favorito en la sociedad londinense. A los veinte años
había sido un hombre pobre, adornado por el apellido de una ilustre familia, sin
embargo, forzado a ganarse el sustento como fuera, y ni el más especulativo de los
prestamistas le hubiera confiado 5 peniques sobre la eventualidad de que alguna
vez cambiara su nombre por un título y su pobreza por una gran fortuna. Su padre
había estado lo suficientemente cerca de la fuente de las cosas buenas como para
asegurar a uno de los miembros vivos de la familia, pero el hijo, aún si hubiera
tomado los votos, no hubiera obtenido más que eso, además, no tenía vocación para
la orden eclasiástia. De esta forma, enfrentó al mundo con una armadura no mejor
que la toga de bachiler y el ánimo de un joven nieto del hijo, equipamiento con el
cual se las ingeniaba de alguna forma para hacer de esa una batalla bastante
tolerable. A los veinticinco el serñor Charles Aubernon era aún un hombre de
luchas y contiendas contra el mundo, sin embargo, de los siete que se encontraban
antes que él en los lugares más altos de su familia, sólo quedaban tres. Estos
tres,aunque "bien vivos", no eran a prueba de la lanza Zulu ni de la fiebre tifoidea,
por lo que, una mañana, Aubernon despertó siendo Lord Argentine, un hombre de
treinta años que había enfrentado las dificultades de la existencia, y las había
conquistado. La situación lo divertía inmensamente, y resolvió que la riqueza sería
tan agradable para él como lo había sido siempre la pobreza. Luego de algunas
consideraciones, Argentine llegó a la conclusión de que la cena, mirada como una
de las bellas artes, era quizá la ocupación más entretenida abierta a la humanidad
arruinada, de esta forma, sus cenas se hicieron famosas en Londres, y una
invitación para su mesa era algo codiciosamente deseado. Luego de diez años de
señoría y cenas, Argentine aún rehusaba a cansarse y siguió disfrutando de la vida ,
y, como una suerte de infección, era reconocido como causa de alegría para los
demás, en suma, como la mejor de las compañías. De este modo, su repentina y
trágica muerte causó una extensa y profunda sensación. La gente difícilmente lo
creía, aún teniendo el períodico frente a sus ojos y el grito de "Misteriosa muerte de
un noble" resonando por las calles. Mas allí estaba el párrafo: "Lord Argentine fue
hallado muerto esta mañana por su asistente bajo circunstancias intranquilizantes.
Se ha afirmado que no hay duda de que su señoría se habría suicidado, aunque no
se ha encontrado un motivo para el acto. El fallecido caballero era ampliamente
conocido en sociedad, y muy querido por sus joviales maneras y su regia
hospitalidad. Ha sido sucedido por..." etc, etc.
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