IV. El Descubrimiento en Paul Street
Pocos meses después del encuentro entre Villiers y Herbert, el señor Clarke se
encontraba, como era usual, sentado junto al hogar después de la cena, cuidando
resueltamente que sus fantasías no erraran en dirección a su escritorio. Por más de
una semana había logrado mantenerse lejos de sus "Memorias", abrigando
esperanzas de una completa auto-reformación; sin embargo, a pesar de sus
esfuerzos, no podía acallar el interés y la extraña curiosidad que el caso que había
escrito, excitaba en él. Le había expuesto el caso, o más bien un resumen de él , en
forma de supuesto, a un amigo científico, quien meneó su cabeza pensando que
Clarke se estaba volviendo excéntrico, y durante esta noche en especial, Clarke se
esforzaba en racionalizar la historia, cuando un repentino golpe a la puerta lo sacó
de sus meditaciones
-El señor Villiers le busca, señor.
-¡Dios mío!. Villiers, es muy amable de tu parte venir a visitarme, no te había visto
en muchos meses, debo pensar que cerca de un año. Entra, entra. ¿Cómo estás,
Villiers? ¿Necesitas algún consejo sobre inversiones?
-No, gracias, creo que todo lo que tengo en ese sentido está completamente a salvo.
No, Clarke, vine más bien a consultarte sobre una materia realmente curiosa de la
cual me enteré no hace mucho. Me temo que puedas encontrarla del todo abusurda
cuando te la cuente. A veces yo mismo lo hago, y por esa razón decidí recurrir a tí,
pues sé que eres un hombre pragmático.
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